Una larga cacería

El dinosaurio. Ese es el apodo del HSV alemán. El Hamburgo es uno de los equipos más populares de su país. No en vano, hasta 2018 fue el único club que había jugado siempre en la primera división de la Bundesliga. A pesar de eso, solo tenía en sus vitrinas dos campeonatos de liga correspondientes a las lejanas temporadas 1922-23 y 1927-28.

Y entonces apareció el fenómeno Seeler. Uns Uwe (nuestro Uwe), natural de la ciudad, llegó a ser uno de los mejores goleadores del fútbol europeo. Pero el club solo pudo ganar una liga más en la temporada 1959-60.

En 1972, el hijo pródigo se retiró y dejó a su equipo huérfano de goles. El primer gran éxito europeo del HSV llegó en 1977, cuando conquistó la Recopa de Europa al ganar al Anderlecht en la final por dos goles a cero. Este triunfo animó al equipo hamburgués hasta el punto de querer subir un peldaño más en el escalafón.

Kevin Keegan era entonces uno de los jugadores más importantes de Europa y el Hamburgo apostó con fuerza por el delantero del Liverpool hasta conseguir incorporarlo a su plantilla. Sin embargo, el primer año con el inglés fue decepcionante, ya que el equipo acabó clasificado en la décima posición de la tabla. En cambio, Keegan fue nominado mejor jugador europeo del año.

La temporada siguiente, el club ficha como entrenador a Branko Zebec y gana la Bundesliga con Kevin como máximo goleador. El Hamburgo subió ese escalón soñado cuando, a la temporada siguiente, se enfrentó al Real Madrid en semifinales de la Copa de Europa. En la ida ganaron los españoles por dos goles a cero, pero la vuelta fue muy distinta.

El equipo alemán fue un huracán y ganó por cinco goles a uno para plantarse en la final de la competición. Una final que perdió ante el Nottingham Forest por 1-0. Para colmo, Keegan se marcha al final de esa temporada y el club queda desangelado sin estrella ni entrenador, quien acabó siendo despedido.

En 1981, Ernts Happel firma como entrenador del club. Ese sí es el salto de calidad que el equipo anhelaba. El HSV permanece invicto durante un año en la liga alemana, aunque lo mejor estaba aún por llegar.

En mayo de 1983, el Hamburgo llegó a su segunda final de la máxima competición europea a nivel de club, aunque el rival era de mucho cuidado.

Zoff, Scirea, Cabrini, Platini, Tardelli, Boniek, Bettega, Rossi… Casi nada al aparato.

Happel jugó sus bazas con su columna vertebral, formada por los veteranos Kaltz, Magath y el gigantón Hrubesch.

El dinosaurio ganó la final con un gol de Félix Magath y, esta vez sí, logró cazar a la pieza más importante de su historia.

(fuente: europeanjuego.wordpress.com)