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Un tipo duro

Antonio Martínez Sánchez Mori

Los que conocemos a Antonio Martínez Sánchez afirmamos con rotundidad que es una buena persona. En realidad, nos dirigimos a él como Mori, pseudónimo con el que triunfó en el mundo del fútbol. Aunque pueda parecer lo contrario por el diminutivo, Mori fue un tipo duro dentro del rectángulo de juego, sobre todo porque, para sobrevivir, no tuvo más remedio que ser así, mucho más si, como era su caso, desempeñaba la labor de delantero.

Comenzó su andadura en el Málaga con el que debutó en primera división. Pero el destino quiso que volviera a su tierra para enrolarse en el Cádiz y el San Fernando, aunque tuvo que emigrar de nuevo para fichar por el Cacereño. 

En tierras extremeñas, su juego no pasó desapercibido y el Celta se interesó por él. Una vez consumado el fichaje, Mori se dispuso a afrontar una nueva vida. Y no era nada fácil, ya que iba a pasar de jugar en alfombras de cuidado césped a hacerlo en campos totalmente impracticables, dada la climatología del norte de España.

Los rivales que esperaban a un delantero en aquella primera división de la década de los setenta no eran, como hoy, muestrarios andantes de tatuajes o peinados, de eso nada. Para ser defensa central entonces, el requisito principal era la corpulencia. Como ejemplos, se pueden nombrar a Migueli, Benito o Arteche, entre muchos otros. Pero Mori no se iba a arrugar, eso jamás.

Antonio Martínez Sánchez Mori
Antonio Martínez Sánchez «Mori». (fuente: yojugueenelcelta.com)

Se convirtió en toda una institución en el Celta, donde conoció la bajada a los infiernos de segunda B.  Es uno de los pocos jugadores que ha vestido la camiseta celeste en las tres principales categorías del fútbol español. Con trabajo y constancia, volvió a la máxima categoría para seguir fajándose con quién hiciera falta. Incluso llegó a ser internacional sub 23 y olímpico, dejando en el banquillo a todo un mito como Carlos Santillana.

Una muestra de las batallas que se vivían puede ser su encontronazo con Ricardo Rezza, un fornido central argentino que militaba entonces en el Spórting de Gijón. En el duelo disputado en Balaídos, Mori, posiblemente harto de recibir tarascadas, quiso dejar claro que no se rendiría tan fácilmente y le hizo una dura entrada a Rezza, que le prometió vengarse en el partido de vuelta. Hasta que llegó esa fecha, algunos jugadores del Spórting advertían a Mori sobre las ganas de vendetta del argentino, pero el delantero no se arredró y plantó cara al central, quién, por suerte, no pudo culminar su cacería.

Pero también pudo conocer la gloria. Un 4 de febrero de 1979, en un campo totalmente embarrado, el Celta venció al Zaragoza por 5-3 con cuatro goles del delantero celtiña. Incluso tuvo tiempo a tirar un lanzamiento de penalti, que falló, según él, por el cansancio que ya arrastraba esa tarde. Aquella actuación sirvió para que el todopoderoso Barcelona quisiera contratarle. Era lo máximo para un futbolista modesto, la culminación de sus sueños. 

Sin embargo, el presidente del Celta se descolgó solicitando una cifra astronómica entonces: 50 millones de pesetas. El Barcelona se negó y Mori montó en cólera. En uno de los viajes del equipo, se encaró con el dirigente y la oportuna intervención del guardameta Fenoy impidió males mayores. 

En aquel tiempo no reinaban los petrodólares ni había jeques dispuestos a gastar un dineral por cualquier futbolista del que se encapricharan. Aún así, Mori llegó a tener una oferta del Watford inglés. Su mujer, mirándole fijamente, le dejó clara su postura al respecto: no iba a consentir la marcha a Inglaterra.

Curiosamente, la esposa  se convirtió en el defensa más inexpugnable al que se enfrentó.

La desdicha alcanzó a Mori en un partido amistoso ante la selección de Perú, donde resultó gravemente lesionado. Posiblemente, de militar en el F.C. Barcelona, no habría tenido que jugar aquel fatídico partidillo.

Tanto en Barbate, su ciudad natal, como en Vigo, los que conocen a Antonio Martínez Sánchez lo saludan con alegría sabiendo que esa buena persona guarda realmente un tipo de los que no se amedrentan  ante nada.