Trituradora de ilusiones

Hace ya algo más de un mes que el Real Betis Balompié acabó el campeonato liguero más atípico de la historia del fútbol español. El equipo ha vuelto a los entrenamientos para encarar la pretemporada con vistas al inicio de la Liga 20/21, que presumiblemente parece que empezará el fin de semana del 12 de septiembre. Esto ya está ahí.

Temporada 20/21 que muy mal se les tendría que dar a los verdiblancos para superar en sonrojo, vergüenza y mediocridad a la recién finalizada. Y es que la pasada Liga fue un completo fracaso y un desastre mayúsculo para el sevillano equipo de las trece barras. Reflejo en gran medida de la mala planificación de la plantilla acometida desde la planta noble de la entidad. Pero no es éste el único mal que ha afligido al Real Betis durante la ya pretérita temporada. A lo largo de este artículo vamos a repasar los puntos claves en este rotundo fracaso en forma de paupérrima decimoquinta plaza en la clasificación.

La falta del guía espiritual: Lorenzo Serra Ferrer

De todos son sabidas las circunstancias que envolvieron el adiós de Lorenzo Serra Ferrer a principios del verano de 2019. Ello deja al Betis huérfano de la única personalidad que en los últimos años, a lo largo de sus diferentes etapas en el conjunto heliopolitano, ha conseguido dar algo de gloria a la entidad.

Su forzada marcha dejaba la parcela de la dirección deportiva en manos del vicepresidente y consejero delegado José Miguel López Catalán, que fue el verdadero muñidor de la salida del balear. Catalán, con la excusa de una modernización en la parcela de la secretaría técnica de la que el mallorquín presuntamente era un obstáculo y con el verdadero fin de obtener él el pleno control de la misma, se deshace de un mito del beticismo como es Lorenzo Serra.

Serra Ferrer, durante la rueda de prensa que ofreció para explicar las razones de su marcha (fuente: estadiodeportivo.com)

Y en su sustitución se pone a él mismo y a dos de los perpetradores de la plantilla del Betis para la temporada 13/14: Jesús Sánchez y Ángel Luis Catalina. Temporada aquella que resultó ser la peor del Real Betis Balompié en toda su historia, quedando en último puesto y cosechando la raquítica cifra de veinticinco puntos. ¿Qué podía salir mal?

Baja el nivel de la plantilla

Así pues, sin Serra ya engrosando el organigrama del club, se acomete la planificación del plantel para la próxima temporada. Debido a la revalorización de determinados jugadores por su buen desempeño, desde el inicio se contempla como inevitable la salida de algunos puntales del equipo como fueron Pau López, Júnior Firpo y Giovani Lo Celso.

Nada que objetar de la venta de los mismos si los tres equipos que llaman a la puerta (Roma, Barcelona y Tottenham) tienen infinitamente más capacidad económica que tú y máxime habiéndote quedado fuera de la posibilidad de disputar competición europea, sin cuyo acicate no puedes convencer a tres jugadores de la talla de los anteriores para que permanezcan en tu disciplina.

El problema llega cuando inviertes lo obtenido por las sustanciosas ventas de los anteriores en jugadores que devalúan el nivel futbolístico de la plantilla, que sensiblemente se vio mermada con respecto a la del año anterior.

Por Júnior se trajeron a Pedraza y a Álex Moreno. El primero comenzó la temporada de titular, con actuaciones bastante deficientes que dieron paso a la titularidad del catalán, que había llegado procedente del Rayo Vallecano. Álex Moreno fue de más a menos, revelándose como un buen lateral con proyección ofensiva pero un completo desastre en el plano defensivo. En ningún caso, ni uno ni otro han sabido suplir con mínimas garantías el vacío dejado por el hispano-dominicano Júnior Firpo.

En lo que respecta a la baja del rosarino Lo Celso, en sustitución del mismo llega el fichaje estrella del verano de 2019 en el Real Betis Balompié: el internacional francés y campeón del mundo con la selección gala Nabil Fekir.

Sin duda Fekir ha resultado ser un jugador extraordinario, con una incidencia capital en muchos encuentros y con una notable pegada arriba. Claramente se puede observar que es un jugador distinto. No obstante, a mi parecer, no ha llegado ni de lejos al nivel que ofreció el rosarino Giovani Lo Celso y la influencia en el juego del Betis que éste tuvo. Sin perjuicio de que la estrella argentina también adolecía de cierta intermitencia en fases de los encuentros.

Para colmo de males, la mayor inversión de la pasada temporada se confió al delantero centro. Se llegó a pagar la cláusula de veintiocho millones de euros por Borja Iglesias. Por desgracia, el gallego ha resultado ser un fiasco, llegando a anotar unos paupérrimos tres goles a lo largo de toda la temporada y ofreciendo unas prestaciones impropias de un jugador de élite. Sin duda, esta temporada lo ha dejado muy señalado.

El delantero centro ha sido una de los mayores fiascos de toda la Liga (fuente: ondabetica.es)

La peor portería de Primera División

Y por último, tenemos el sangrante asunto de la portería.

Como apuntábamos más arriba, la Roma llama a las puertas del portero internacional con la selección española Pau López. Paga la cláusula del catalán, que hace las maletas rumbo a la Ciudad Eterna. Es aquí cuando la secretaría técnica del Betis, con Catalán a la cabeza, toma la decisión de confiar como titular para la campaña 19/20 en el que fuera portero suplente en la 18/19, Joel Robles. amén de realizar una incomprensible apuesta por el portero Dani Martín, quien había sido suplente la campaña anterior en Segunda División con el Sporting de Gijón, llegando a disputar solamente siete encuentros en la categoría de plata.

Decisión sin duda arriesgada la del club, consistente en no traer a un portero de mínimas garantías que viniera a suplir el hueco dejado por un guardameta que se reveló en términos generales seguro, eficiente y de jerarquía como fue el catalán Pau López.

El tiro salió por la culata y las consecuencias de tener una portería tan deficientemente cubierta han sido las esperadas: nefastas. El que ha sido titular prácticamente indiscutible durante la recién finalizada temporada, Joel Robles, ha costado puntos al elenco verdiblanco en innumerables partidos. Un portero inseguro, que transmite un estado de desquicie general a su defensa y a la grada. No sabe salir, no sabe blocar, no sabe jugar con los pies. Siempre mal colocado, siempre tomando la decisión errónea, siempre vencido en el suelo mirando el balón traspasar la línea de gol.

Por su parte, Dani Martín, por quien el Betis abonó la astronómica e incomprensible suma de siete millones de euros al Sporting de Gijón, también ha resultado ser todo un fiasco en sus contadas apariciones. Especialmente vergonzante resultó ser su desempeño en la tercera ronda de la Copa del Rey en Vallecas ante el Rayo Vallecano, en que los verdiblancos cayeron eliminados, consumando el fiasco copero.

El meta Dani Martín el día de su presentación (fuente: marca.com)

La meta es sin duda alguna la posición más especializada en el fútbol. Por ello, el equipo que no cuenta con un cancerbero de garantías lo acaba pagando muy caro. Si en alguna posición había que gastarse el dinero, ésa era la portería. Pero había que gastárselo en un titular de garantías, no en un suplente para Joel Robles (que ya es de por sí un portero infame). Pero no, la directiva heliopolitana decidió pagar siete millones por el suplente del Sporting de Gijón. Alegan desde la planta noble verdiblanca que disponían de excelentes informes de la Federación Española de Fútbol (Dani Martín es internacional sub-21) y que a dichos informes confiaron su contratación. Huele a loperismo de nueva cepa esta forma de fichar.

Un entrenador superado

En lo que respecta al capítulo del banquillo, tras la necesaria y merecida destitución a final de la anterior temporada de Quique Setién, la directiva bética apostó, en este caso con el beneplácito del aún vicepresidente deportivo Lorenzo Serra, por Rubi. El técnico de Vilasar de Mar había conseguido la temporada precedente un más que meritorio séptimo puesto con el Español, que a la postre había valido a los pericos su clasificación para competición europea.

Desde la planta noble del Benito Villamarín viven en la ensoñación de querer apostar por un pretendido fútbol virtuoso de toque y posesión y trajeron al técnico catalán bajo tal premisa. Se vino a contemplar como una decisión de corte continuista con el estilo que pregonaba el anterior entrenador. Estilo trasnochado, caduco y a todas luces ineficiente, que por otra parte ya dejó de estar en alza en el panorama europeo. Nadie juega hoy así, andando y al toque. El beticismo está harto de que le quieran vender ese pretendido juego de toque, ese fútbol de mentira e impostado. El respetable está ávido de victorias y de que le dejen de tomar el pelo con el juego bonito, que por otro lado nunca lo ha habido.

Lo cierto es que Rubi casi nunca dejó de estar en la picota. Continuamente en entredicho y con la sombra del despido acechándole, lo cual acabó llegando ya en el último tercio del campeonato tras caer en San Mamés por 1-0 el 20 de junio.

Especialmente indignante ha sido este año la excesiva fragilidad defensiva del equipo. Ha sido, sin duda, el mayor lunar de Rubi, quien nunca consiguió dotar de una mínima seguridad al sistema defensivo verdiblanco. Sesenta goles encajados contemplan la deplorable campaña en defensa del Betis. Cifras de patio de colegio.

Marc Bartra no tuvo su mejor temporada (fuente: marca.com)

Y todo ello a pesar de que en principio la terna de centrales parecía de garantías: Feddal, Sidnei, Mandi y Bartra. Especialmente lamentable y decepcionante ha sido el desempeño de este último. No hay ni rastro del que un día fuera central de la Selección española, sin negarle al catalán su plena implicación y compromiso con el club.

Todo lo dicho se ha de entender sin perjuicio de poder afirmar que Rubi no era el principal problema, ni de lejos, que aquejaba al equipo. En mi opinión, durante fases del campeonato, especialmente durante el segundo tercio liguero, el equipo jugó un fútbol más que aceptable que no se vio reflejado en resultados. Y la muestra de que Rubi no era el problema no es otra sino el hecho de que el equipo ya se cayó totalmente y empeoró ostensiblemente cuando el técnico de Vilasar fue cesado, tomando los mandos de la nave Alexis Trujillo, hombre de club, con quien las cosas fueron a mucho peor.

Jugadores sin amor propio

Especialmente hiriente para la fiel y nutrida afición bética fue la deplorable imagen y la infame actitud que mostraron estos pusilánimes jugadores desde la reanudación de la competición a mediados de junio, tras todos los acontecimientos que asolaron España en los meses de marzo, abril y mayo a causa de la pandemia por coronavirus.

Durante este tramo que va desde el partido contra el Sevilla el 11 de junio hasta que la competición finaliza, el Betis fue un equipo sin alma, sin actitud. Los jugadores bajaron los brazos y se pusieron las chanclas, para mayor sonrojo y bochorno de la afición verdiblanca. Unos jugadores sin dignidad, profesionalidad ni amor propio que arrastraron el escudo por cada uno de los campos de España. Un equipo que sólo logró ganar un partido fuera de casa durante toda la liga, concretamente en el estadio del Mallorca y ante unos dos mil béticos en las gradas del feudo mallorquín. Es una imagen fidedigna de lo que es el Betis actual: un gigante social que mueve masas allá donde va, pero con una tristísima realidad deportiva en que la mediocridad y la derrota son norma.

Dos mil béticos presenciaron en las gradas del Iberostar la única victoria a domicilio del elenco heliopolitano. Triste registro lejos del Villamarín para los béticos. Fuente: alfinaldelapalmera.com

Para ser honestos, hay que excluir especialmente a un jugador de esta quema. Dicho jugador no es otro sino Sergio Canales, quien ha sido sin ningún género de dudas el mejor jugador bético de la campaña 19/20. Un gran profesional con un talento exquisito y un derroche físico encomiable, así como una visión del juego envidiable. Ha alcanzado su madurez futbolística en el Real Betis Balompié y es un jugador formidable. Nada se le puede reprochar al cántabro, quien además ha manifestado expresa y públicamente ya a la vuelta a los entrenamientos su compromiso con el club de las trece barras y su deseo de permanecer en la disciplina heliopolitana. Fue el único que mostró orgullo y pundonor en la última recta del campeonato, cuando el resto de sus compañeros habían bajado los brazos y les importaba un ardite el buen nombre del Real Betis Balompié.

Sergio Canales, un oasis en el desierto bético. El mejor jugador de la plantilla (fuente: sport.es)

Sin duda, Sergio Canales debe ser el abanderado del nuevo proyecto bético. Aun por encima de Nabil Fekir y del capitán Joaquín Sánchez, a cuyo desempeño en el ejercicio de la capitanía dedicaremos algunas líneas.

Un capitán que no da ejemplo

Vaya por delante que no voy a discutir la valía futbolística de Joaquín, sino que voy a hacer mención únicamente del sentir que muchos béticos tienen acerca del papel que el de El Puerto de Santa María debería desempeñar como capitán y buque insignia que se supone que es de este Betis.

Un capitán, además de ejercer como tal sobre el verde, queda revestido fuera del terreno de juego de una pátina de institucionalidad y papel representativo del club del que parece no es consciente el talentoso futbolista gaditano. Es por ello que debería el capitán bético elegir entre ejercer en redes sociales su papel chistoso y cómico, o bien abandonar los bochornosos espectáculos con que avergüenza con cierta regularidad a la afición verdiblanca. Me parece muy bien que él quiera labrarse un posible futuro en televisión, o que tenga ese carácter cómico y alegre. Pero esa constante exposición pública con chistes absurdos, bailes vergonzantes y demás actitudes payasescas como las que muestra Joaquín Sánchez no hacen honor a la seriedad y al papel institucional que una figura como el capitán del Real Betis Balompié requiere.

Cierto es que, por desgracia, una parte nada desdeñable de la afición se siente muy cómoda en este papel de equipo gracioso y se jacta orgullosa de lo “gracioso” que es el futbolista de El Puerto. Pero somos cada vez más los que estamos deseosos de desterrar esta lacra de nuestro equipo. Basta ya de ese Betis cutre y de pandereta con que muchos se sienten a gusto.

Por tanto, si Joaquín quiere seguir desempeñando sus habilidades cómicas (que al que suscribe le parecen ridículas y exentas de ninguna comicidad) debería en consecuencia renunciar a ser capitán de una institución tan grande como el Real Betis Balompié.

Perspectivas para la próxima temporada

Ante tal situación que hemos descrito y la triste campaña completada la temporada pasada, la directiva empieza a sentirse acuciada por los malos resultados. Y por la afición, cada vez más contraria a su desempeño en la regencia del club. Los tiros empiezan a apuntar al presidente, Ángel Haro, y a López Catalán. Se han salvado del escarnio público en el Benito Villamarín a causa de que los partidos se han celebrado a puerta cerrada.

Es por ello que deciden que hay que traer a un entrenador de reconocido prestigio y que se gane el respeto de la plantilla. Ese entrenador es el chileno Manuel Pellegrini, en quien ponen los ojos y cuya contratación consiguen aún restando varias jornadas de la pasada liga por jugar.

«El Ingeniero» ha llegado a Villamarín (fuente: elcorreoweb.es)

A priori, la contratación del que fuera técnico, entre otros, del Real Madrid parece una opción acertada. Ahora hay que ver a quién le traen para poder juzgar con ecuanimidad al entrenador chileno. Urgen refuerzos, entre ellos y el más urgente el de la portería. Este mercado de fichajes se extenderá hasta octubre, por lo que aún estamos en ciernes en este apartado.

Junto a Pellegrini ha llegado al club como director deportivo una figura consagrada: el pacense Antonio Cordón, con quien ya trabajara codo a codo durante su etapa como entrenador del Villarreal, con excelentes resultados para el club castellonense. Tendrá el nuevo encargado de la parcela deportiva gran responsabilidad sobre sus espaldas en el cometido de reestructurar una plantilla con garantías y habrá de hacer encaje de bolillos fichando a jugadores de valía en este atípico mercado de fichajes, que se antoja difícil.

Lo que sí es seguro es que el dúo compuesto por Haro y Catalán debe ser muy consciente de que ya carece de crédito. No les vale de nada vender una buena gestión en otros ámbitos del club si lo deportivo sigue siendo otro año más un completo desastre y una vergüenza. La afición está muy harta, pues este Betis de Haro y Catalán se está convirtiendo en una trituradora de ilusiones.

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