Todos hemos sido del Estrella Polar

Toca hablar del barrio. Donde hacemos la compra y nos perdonan esos escurridizos diez céntimos. Aquel, el del café y lectura de periódico. Aquel en el que la tertulia que se alarga es un principio irrenunciable las mañanas de los santos viernes. El bar de la esquina, fútbol y cerveza bien acompañado formando una extraña cúpula que aísla del mundo y sus agobios durante noventa minutos. Un buen y humilde lugar. También hay grises, así es la vida.

El paro, la sensación de estar atrapado y no poder salir adelante. La rutina. La perseguida y soñada programación de mediocridad del poderoso hacia el obrero. Todo ello cabe en una hora y media. Un cuento de Osvaldo Soriano sirve de base en el guión de Roberto Santiago de El penalti más largo del mundo.

Debe indicarse que Santiago ha sabido dar en  la tecla. Bien es cierto que su Goya al Mejor Guión Adaptado pueda hacernos creer que estamos ante una comedia mejor en calidad de lo que finalmente ofrece, pero lo que falta en calidad lo suple con calor humano.

Y es que ese pequeño mundo de barrio de clase media que no llega a fin de mes, cuya ilusión queda reflejada en un campo de regional donde por milagros deportivos puede lograr un histórico ascenso a Segunda división el Estrella Polar, sin contar con ningún jugador profesional,  debe ser el nuestro. El fútbol humilde tiene derecho a aspirar a lo grande  y gritar bien alto. Nosotros igual.

Desde la camarera que sueña con algo mejor, planes de futuro con su novio, hasta el quiosquero que quiere lograr alcanzar ser referencia en el periodismo deportivo nacional, vemos un poco de aquellas personas que nos cruzamos en nuestro día a día. No tienen que ser piezas claves ni mucho menos, aunque ahí están. Descargando camiones o atendiéndonos una duda en el supermercado.

Fragmento película el penalti más largo del mundo
(Fuente: Filmin.es)

Tras lesionarse el  portero titular, Fernando tiene todo los ojos puestos en su quijotesca figura. Una invasión de campo provocado por la decisión arbitral de pitar un penal en contra del Estrella con el tiempo finalizado, desata que Competición decida que se tire la pena máxima Al domingo siguiente.

El penalti más largo del mundo no cuenta con un héroe de la clase obrera precisamente. Más bien con el antihéroe. Más cercano al yoqui de la esquina que a portero suplente capaz de parar el penalti con el que vive todo un barrio. Todos a su alrededor querrán mimar a su portero titular, sabiendo que las esperanzas de que se trasforme de la noche a la mañana en un deportista son nulas.

Cervecero, caradura, porrero. Son sólo algunos de los adjetivos que rodean a Fernando. Sin embargo, conformen pasen los minutos, hará que le tengamos más aprecio. Como a todos los personajes. Como hemos indicado, son  muy de esa España que no abunda en los telediarios, aunque exista. Cada vez más olvidada en estos días. 

De manera muy divertida, se recurre a los mejores y más efectivos recursos del western europeo para la escena del crucial tiro desde los once metros, ahí radica una cultura cinematográfica a nivel visual muy de agradecer al Director de Fotografía. Hablamos de los míticos planos tan reconocibles de Sergio Leone y su Trilogía del dólar tantas veces parodiada e imitada. 

Escena película el penalti más largo del mundo
Fernando Tejero. (Fuente: Todocine.com)

También se logra la veracidad del relato gracias a un ambiente futbolístico logrado que trasmite esa escasez de medios, ese olor a bocadillo de tortilla y terreno de tierra con polvo asesino de rodillas. Resumiendo, disfruten del botellín que hay un digno partido. Roberto Santiago al igual que hiciera Serrano con Días de Fútbol, usa muy inteligentemente el fútbol de tapadera para tratar temas más profundos. El resultado final no es muy brillante, pero cae en gracia por la cercanía del conjunto. Cae de pie, como un guardameta con reflejos de felino.

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