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Sobre la Superliga

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Los principales clubes de Europa vinieron a decir ayer lunes «ahí te quedas Ceferin», creando una nueva competición para abandonar las organizadas por la UEFA. Se trata de una decisión que ha levantado reacciones no sólo por las partes implicadas sino por terceros a los que nadie ha pedido opinión, véase por ejemplo los políticos de turno. Aquí va mi reflexión personal sobre toda esta situación.

Los motivos

El fútbol ha vivido los últimos años una deriva peligrosa en cuanto a traspasos y salarios con unas cifras que se multiplican cada temporada. Las comisiones de agentes por todos conocidos y la llegada de Estados a la poltrona de los clubes no han hecho sino aumentar la competencia cuando de sacar la chequera se trata. Esto ha producido una burbuja que con la llegada del COVID ha convertido en permanentes los números rojos de los balances de los equipos.

A esto se suma que dichos equipos se han dado cuenta de que las corruptas organizaciones de UEFA y FIFA son unos intermediarios innecesarios que no sólo aportan un valor discutible sino que se quedan la mayor parte de los ingresos en aras de no se sabe muy bien qué. Los «sublevados» de repente ven cómo sin el concurso de estos organismos son capaces de conseguir inversores y patrocinados que triplican sus ingresos actuales. Sí, tres veces más que se dice pronto.

Una vez contadas estas cuestiones económicas, entra en juego la devaluación de las actuales competiciones europeas que poco a poco van lastrando el seguimiento del fútbol y por ende la viabilidad del mismo. Dicha devaluación es paradójicamente consecuencia directa de las ansias lícitas por exprimir la gallina de los huevos de oro que la propia UEFA tiene. Lejos quedan los años donde la Recopa era un señor torneo. Ahora vamos camino de una Champions con 36 equipos para «disfrutar» de un FC Mitdtjylland – FC Krasnodar junto con la creación de una tercera competición que no hace sino seguir bajando el nivel del resto.

La campaña: vil metal e insolidaridad

Después del anuncio, la maquinaria se puso en marcha. La UEFA, consciente de que se le puede acabar el negocio, saca una nota donde se muestra como una ONG cuya integridad se ve dañada por una panda de insolidarios que sólo quieren más dinero.

Aleksander Ceferin rueda de prensa
Aleksander Ceferin fue muy duro ayer ante la creación de la Superliga (fuente: marca.com)

Sobre la cuestión económica, me parece de lo más lógico que los equipos que pueden ganar tres veces más lo quieran hacer. A muchos de los abanderados de la moralidad no les tembló el pulso llevando el Mundial a Qatar, las Supercopas nacionales a países exóticos o, aprovechando la visita de uno de los grandes, lucir en sus camisetas publicidades de dudosa moral. Luego están esos equipos que enmascaran en una ferviente oposición simplemente su malestar por no formar parte. Pero ya se sabe que el deporte nacional es decir algo y hacer o querer lo contrario.

La segunda parte de esta ecuación es apelar a la insolidaridad de los equipos. Que yo sepa, ninguno de los fundadores de la Superliga ha planteado marcharse de las competiciones nacionales. Son los organismos que rigen el fútbol, y que creen hacer los mismo con los clubes, los que les amenazan con llevarlo a cabo. El esperpento llega hasta el punto del delirio al insinuar la prohibición de que sus jugadores participen en Eurocopas o Mundiales (buen farol éste por parte de Ceferin).

Se dice que esto generará una mayor diferencia de ingresos. Me llama la atención ver a jugadores como Ander Herrera llevarse las manos a la cabeza y ser adalid de la solidaridad cuando su equipo tiene 300 millones más de presupuesto que el segundo de la Liga francesa. Millones por cierto pagados por un Estado para el que el fair play financiero es inaplicable. Eché de menos esta solidaridad cuando fichó por el conjunto parisino.

Por otro lado, nadie se plantea que la generación de más ingresos llevaría también a que parte de ese dinero de algún modo acabara fluyendo en el resto de equipos, incluidos modestos. Por ejemplo a través de mayor número de traspasos o ayudando a aquellos que lograran jugar la Superliga a llevar a sus clubes un paso por delante (el dinero tanto por participar como por victorias y empates también se multiplica).

En cualquier caso, si la mayor desigualdad económica es el principal problema pueden ustedes por ejemplo crear límites salariales o limitar la cantidad que se puede utilizar para fichajes.

Finalmente se apela al sistema cerrado donde no se valoraría la meritocracia. Esto no es del todo cierto puesto que en la propuesta al menos cinco equipos, un 25% del total, podría acceder a la competición a través de sus actuaciones en el terreno de juego. Asimismo, nadie ha dicho que esto no se pueda ampliar en el futuro. En cuanto a los fundadores con plaza asegurada, la mayoría de los mismos la tienen ya de facto garantizada en una Champions donde se han ido ampliando los equipos sin ningún tipo de cortapisa. Cabe recordar que la Copa de Europa en sus orígenes sólo estaba reservada a los campeones de Liga. A día de hoy hasta los clasificados en cuarta posición tienen acceso. Lo cierto es que comparando oportunidades con barra libre se corre el peligro de confundir meritocracia con vulgaridad.

En definitiva, mi opinión personal es a favor de la Superliga manteniendo competiciones nacionales. Veremos qué sucede. Quizás esto sea un simple órdago que no llegue a ningún sitio o el principio de una revolución, pero den por seguro que, al contrario de lo que las partes interesadas reiteran por doquier, el fútbol no murió ayer lunes. El fútbol está hoy más vivo que nunca.