La personalidad del entrenador (I)

Dicen que todos y cada uno de los que amamos el fútbol llevamos un entrenador dentro. Todos sabemos quiénes merecen estar en el once inicial, con qué táctica deberíamos salir (por ejemplo un 3-4-3…), quién debe patear los saques de esquina, las faltas y, sobre todo, los penaltis o cuál debería ser el primer cambio, el segundo y tercero y, por supuesto, a quién sustituir.

Helenio Herrera Sevilla
Helenio Herrera
(fuente: sevillafc.es)

El problema llega cuando hablas de esto con otro “entrenador”, si vas en un taxi, el conductor tiene sus propias tácticas y soluciones. En los descansos en el estadio siempre hay un corrillo donde cada uno sabemos lo que le falta al equipo y lo que deberíamos hacer (aunque cada vez lo ponen más difícil con el volumen al que están poniendo la música y al speaker). Y ya si tenemos un grupo de WhatsApp de fútbol eso puede convertirse en el “Chiringuito”.

El hecho de que seamos un entrenador o, mejor dicho, nos creamos un entrenador, también afecta a nuestras filias y fobias respecto a la personas y el trabajo que realizan los verdaderos profesionales de los banquillos. Según nos sintamos más o menos identificados con él, afectará a nuestra opinión sobre su trabajo.

Fue mítica aquella rivalidad entre “Menottistas” y “Bilardistas” o algo así como el fútbol más bonito, más libre vs el fútbol más práctico y resultadista. Y aunque, como todos sabemos esto se ha replicado muchas más veces para enfrentar, digamos, a estos dos estilos de fútbol, nunca ha habido una rivalidad igual.

Menotti y Bilardo
(fuente: lanacion.com)

Pero, para posicionarnos con un entrenador, no sólo nos afecta su manera de entender, plantear y plasmar su estilo de fútbol, sino también cuando le escuchamos en entrevistas y ruedas de prensa, cuando escriben en Twitter o alguien cuenta alguna anécdota de él.

Hoy, los entrenadores aparecen en anuncios y hasta en videojuegos y cada cosa que dicen, hacen o descubrimos que dijeron o hicieron nos ayuda a acercarnos o alejarnos de su estilo de fútbol. Aunque seamos sinceros, al revés de lo que pudimos escuchar en El Padrino, aquí hay mucho de personal y poco de negocios. Es por eso que me gustaría traeros anuncios que precisamente sean protagonizados por entrenadores, y en los que podamos ver cómo su forma de ser y su filosofía están reflejadas.

Lopetegui FIFA
Un Julen Lopetegui virtual en el videojuego FIFA
(fuente: eldesmarque.com)

Para este primer capítulo sobre entrenadores que protagonizan anuncios, he querido darle preferencia a uno de los entrenadores más laureados de este siglo. Pero no por sus títulos sino por ser, además, una persona discreta, cercana y que nunca ha intentado destacar o reivindicarse por nada que no fuera su trabajo.

Esta persona nos llevó con la selección a algo tan inimaginable como ser campeones del mundo de fútbol, rompiendo varias estadísticas como ser la primera selección en conseguirlo fuera de su continente o de hacerlo después de perder el primer partido de la competición. Este señor, seleccionador y entrenador al que me refiero es el salmantino Vicente del Bosque.

Vicente del Bosque levanta Copa del Mundo
Vicente del Bosque celebrando el único Mundial que tiene España
(fuente: tribunapalencia.com)

Una de las cosas que me parecen capital en publicidad cuando todo gira en torno a una persona muy conocida, ya sea por lo que hace o por su forma de ser, es no obligar a esta persona a adaptarse al producto ni al anuncio, porque conseguirá el efecto contrario al buscado y saldrán las dos partes damnificadas. Esa persona parecerá obligada y se verá que lo que está haciendo, lo hace de una manera artificial, diciendo lo que una marca quiere, por lo que su credibilidad e imagen se verán afectadas.

Por otro lado, la marca no sólo no conseguirá que la gente la relacione con los valores de la persona, ni conseguirá un buen recibimiento por parte del público. Lo que conseguirá es que este público perciba que la marca y/o el producto ha utilizado a esa persona (a la que mucha gente admira) para unos fines que poco o nada tienen que ver con lo que representa. Por eso es necesario que cuando se tenga una idea en la que tenga que aparecer un personaje público, se piense qué persona es perfecta para protagonizarla, ya sea por el ámbito del producto, del anuncio o porque su forma de ser sea perfecta para contar la historia. Yo, sinceramente, cada vez que veo a Iniesta protagonizando un anuncio me pregunto en qué estarían pensando para hacerle decir esas cosas…

Por fortuna, el anuncio de Vicente del Bosque le representa tal y cómo es. Incluso, sólo lo podría haber protagonizado él (bueno vale, quizás alguien que tuviera los mismos valores personales que él, parezca tan buena persona y nadie le hubiera visto antes sin bigote podría haber valido). Y eso, que en principio nada podría unir a Vicente con la marca Pescanova, o al menos, no hacerlo de una manera natural y creativa.

Menos cuando cuenta una historia que no tiene absolutamente nada que ver con el fútbol, pero la agencia Lola Mullen-Lowe lo consigue contando una historia muy divertida, con un gran concepto y que además es tan creíble que el protagonista vivió situaciones parecidas a las del anuncio en su vida real. De hecho, la agencia y Pescanova consiguen algo que nada ni nadie había conseguido jamás (ni siquiera lo logró que ganara un mundial de fútbol): que Vicente del Bosque se afeitara su bigote por primera vez en 50 años. 

Vicente del Bosque anuncio Pescanova
Del Bosque justo antes de quedarse sin bigote
(fuente: anuncio de Pescanova)

El anuncio, personalmente, me encanta. Primero porque cuenta una historia con causa y efecto. Desde el porqué de que se quede sin bigote, a todas las consecuencias de no tenerlo. También porque no intentan forzar para meter el producto en ningún momento, ya que el concepto al final lo ensalzará haciendo una comparación muy clara entre lo que significa tener o no tener bigote. Tanto para Vicente como para el producto de Pescanova. Apoyado en un cierre que dice: “Sin bigote, Vicente no es Del Bosque, sin bigote un langostino no es un Rodolfo”.

Las situaciones son muy divertidas y, aunque exageradas, no lo suficiente para que no pudieran ser reales. El tono, la fotografía y sobre todo el acting de todos los actores (incluido el protagonista o el perro) hacen crecer la pieza hasta el final. Es curioso que una persona que parezca poco sonriente y bastante comedida, haya conseguido llevar toda la historia con un tono de humor a la vez tan contenido como divertido, simplemente, siendo él mismo. Yo por poner un debe, lo único que no me encaja de ninguna manera es la música, me saca de tono, me distrae de lo que pasa y la letra compite con la historia que me están contando, pero no empaña un gran anuncio donde se ve la personalidad del entrenador Vicente del Bosque hasta en las circunstancias menos favorables.