Los nueves de nuestra vida

nueve de nuestra vida

Cumplimos nueve temporadas en la red y lo hacemos encantados de seguir contando nuestras historias con total independencia. Durante estos nueve años, TresCuatroTres ha sido el punto de encuentro para todo el que ama el fútbol.

Una máxima ha guiado la línea editorial de este rincón, huir del forofismo imperante en el periodismo actual. Quizás ayude el hecho de que no somos periodistas. La realidad es que solo podemos estar agradecidos a nuestros lectores, sois vosotros los que hacéis posible este proyecto y así seguirá siendo.

Esperamos que disfrutéis de este artículo que hemos preparado donde algunos de nuestros redactores recuerdan el 9 que les ha marcado.

Patrick Kluivert

Alexandre Iglesias

Patrick Kluivert
Patrick Kluivert (fuente: Getty Images)

Patrick Kluivert fue uno de los primeros delanteros que un servidor recuerda con claridad. El «9» holandés no era propiamente un «9» al uso, un killer, ya que en muchas ocasiones su técnica se sobreponía a su eficacia, algo que desquiciaba a algún que otro aficionado.

Llamaba la atención su figura, pues desde su casi 1,90 de altura intercalaba toques de calidad extrema con definiciones aéreas y poderío físico. Sin ser un goleador de época, estamos hablando del tercer máximo goleador de la historia de Países Bajos (posiblemente superado en un futuro cercano por Memphis Depay, con 3 goles menos).

Protagonista y pieza inamovible de un FC Barcelona de principios de siglo, que si bien solo ganó la Liga en su primera temporada (98/99) formó un tridente espectacular junto a Rivaldo y Figo.

Personalmente tengo clavada en mi retina su última temporada en Barcelona, la 2003/2004 dónde tuvo un papel de rotación, pero que junto a Ronaldinho y Saviola hicieron a ese niño de 10 años disfrutar a pesar de quedar 2º a 5 puntos de un Valencia campeón.

En definitiva, uno de los «9» de mi vida y de mi infancia, que me demostró que un delantero es algo más que un buen definidor.

Daniel Toribio Aquino

Juan Ariza

Daniel Toribio Aquino, más conocido como el «Toro» Aquino, fue uno de esos jugadores trotamundos del fútbol. Dio el salto al fútbol español procedente del club argentino de Banfield y en nuestro país se hizo un nombre a base de trabajo y goles.

Real Murcia, Albacete, Mérida, Real Betis Balompié, Rayo Vallecano, Lorca y el modesto Las Palas fueron los clubes en los que hizo carrera el contundente atacante argentino en nuestro país.

Decido hacerle un homenaje como uno de nueves de mi vida porque los numerosos goles que anotó vistiendo la zamarra de las trece barras verdiblancas constituyen muchos de los primeros recuerdos nítidos futbolísticos que atesoro. Entrega, pundonor, saber estar siempre en el sitio. Delantero sobrio, fiel representante de esa estirpe de arietes que suele estar en el lugar indicado para empujarla al fondo de las mallas.

Su tarjeta de despedida en el Real Betis Balompié fueron dos golazos en la última jornada de la temporada 94-95 en el estadio Santiago Bernabéu que sirvieron para batir al Real Madrid por 0-2 en su feudo y dejar al sevillano equipo de las trece barras tercero en la tabla clasificatoria de aquel ejercicio, que a la postre fue el último del Toro con el Betis.

Un nueve de los de antes. Daniel el «Toro» Aquino, un jornalero del gol.

toro aquino betis
Toro Aquino (fuente: marca.com)

Davor Suker

A punto de celebrarse los 30 años del debut del jugador croata con la elástica sevillista frente al Español de Barcelona dos veces seguidas, una testimonial de apenas unos segundos, y otra marcando un hat trick en su debut real en el Sánchez Pizjúan, creo que nadie ha llevado el número 9 con más clase en la longeva historia del laureado club de Nervión. Allá, a finales de 1991, ya se veía que era un jugador diferente, que hacía cosas que los demás sólo podían imaginar, que su zurda limpiaría las escuadras de telarañas del Pizjuán, que tenía la misma precisión con el exterior, el interior el empeine y el tacón, y es que no se le puede poner a todo el mundo el mote de Sukerman… pero es que luego demostró ser mucho más.

Porque no sólo marcó goles, que hizo muchos, siendo Bota de Oro del Mundial de Francia 98 o marcar 76, ni más ni menos, en un Sevilla muy lejos de ser el equipo campeón que es hoy, sino que consiguió formar parte de la historia del club también por su forma de hacer las cosas, tanto con el escudo sevillista en su camiseta con una belleza y plasticidad irrepetibles en todas sus acciones, golpeos y goles (único jugador del equipo que sabía a qué deporte jugaba Maradona cuando ambos coincidieron en la Bombonera de Nervión), como cuando ya se supone que no lo llevaba, al menos en la camiseta, porque no todo el mundo coge un avión, estando convocado con su selección para disputar una Eurocopa, para jugar con su equipo, no una final, sino un partido de liga para evitar un descenso, marcar un Hat Trick y encima haciéndolo ya estando fichado por otro club, creo que este hecho es único en la historia del fútbol y que demuestra que se pueden sentir lo colores de otra manera.

Tristes eran esas imágenes de la temporada siguiente cuando ganaba  y marcaba con su club pero veía a través del video marcador como su ex equipo, sin él, no podría salvarse del descenso y como eso le afectaba profundamente…

Suker es el 9 que me marcó porque es imposible quedarse con un solo gol o 10 de su carrera, porque tenía calidad a raudales, porque marcó en momentos importantes, porque vivía y disfrutaba del fútbol y porque, nos hacía disfrutar a todos de su fútbol y goles. Gracias por todo Davor.

Davor Suker un 9 de leyenda del Sevilla FC y del fútbol mundial.

Zlatan Ibrahimovic

José Luis Ruiz Mohedano

Aunque el espigado delantero sueco no haya sido acérrimo al nueve, sólo por haberlo llevado sobre camisetas tan importantes como las de Ajax, Juventus, Barcelona o Manchester United ya merece acceder a este club tan elitista. Porque, aunque también haya ostentado otros guarismos en los muchos equipos por los que ha pasado, todos de nivel, su juego de ariete encaja a la perfección en esta afamada nómina. Quizás ese haya sido uno de sus hándicaps, su escasa querencia a la estabilidad.

El otro, es de sobra conocido, los cortocircuitos que regularmente se producen en su excéntrica y brillante cabeza. Los artistas tienen estas cosas y Zlatan lo es. Un jugador fuera de lo común. El jugador de sus características físicas que mayor calidad y técnica ha desplegado (y aún despliega) en un campo de fútbol. Porque lo que ha hecho grande al sueco no es su remate ni su gran capacidad goleadora, casi 600 goles le avalan, sino todo lo demás. Aquello que es difícil de explicar y mucho más ver, la magia.

Ya está pronta su retirada, aunque aún se empeñe en exprimir sus últimos años de fútbol, los cuales no quiso desperdiciar en la MLS. No obstante, siempre quedarán en el recuerdo esos regates pegado a la línea de fondo, esos últimos pases inverosímiles y, sobre todo, el maravilloso catálogo de remates con los que elevaba su larga figura frente a centrales desbordados. Los mejores, los acrobáticos, como la mítica chilena que le marcó a Inglaterra desde fuera del área en 2012. Genio y figura.

Zlatan Ibrahimovic celebra gol Suecia
Zlatan Ibrahimovic (fuente: abc.es)

Hugo Sánchez

Manuel Infante

A Europa llegó como un fichaje exótico. Casi llamaban más la atención sus celebraciones que sus goles. Muy pronto comenzó a cerrar bocas a base de dianas en sus primeros años en el Atlético de Madrid. Una de las generaciones más brillantes de la historia del fútbol español hilvanaba mucho juego y solo necesitaba un ariete que culminara esas continuas exhibiciones.

Otro nueve de leyenda, Santillana, ya afrontaba sus últimos años como futbolista. El Real Madrid se empeñó en que Hugo Sánchez fuese el complemento ideal a la Quinta del Buitre y el mexicano respondió a la perfección. Demostró incluso que no hacía falta más de un toque para marcar gol. De esa forma, a un solo toque, conquistó la prestigiosa bota de oro al marcar 38 tantos.

Su trabajo consistía en rematar. Y quizá su obra maestra llegó en un partido ante el Logroñés, con un remate de chilena pleno de belleza que inundó el Santiago Bernabéu de pañuelos blancos.

Si hubiese que completar una simple descripción de “Hugol” Sánchez Márquez, la mejor, sin duda sería la que le describirse a la perfección como delantero centro:

De profesión sus goles.

Hugo Sánchez celebra gol
Hugo Sánchez con su celebración clásica del gol (fuente: mediotiempo.com)

Ronaldo Luís Nazário da Lima

Antonio Ros

Un desconocido Ronaldo llegó al FC Barcelona procedente del PSV en 1996. Quien escribe tenía entonces 12 años y mi pasión por el fútbol estaba en pleno crecimiento. De aquella época recuerdo las portadas de Mundo Deportivo y del Diario Sport día tras día dedicadas al ya apodado O fenomeno.

34 goles marcó en los 37 partidos que jugó aquella temporada en Liga. El Barcelona ganó Copa del Rey, Supercopa de España y la extinta Recopa de Europa. Lástima que se quedó a tan solo 2 puntos de llevarse también el título de Liga que viajó hacia Madrid.

Puedo decir que tras Romario, Ronaldo fue el mayor impacto futbolístico que tuve en aquella época. Un jugador total capaz de crear obras de arte como la que hizo en el Multiusos de San Lázaro o de marcar hattricks como quien marca un penalti. Explosividad, velocidad en carrera y una definición fuera de lo común. Estas eran las principales características de un jugador total. Ni que decir tiene que el dolor tras su abrupta marcha la temporada siguiente fue proporcional a la alegría de haberlo visto con la camiseta de mi equipo.

Ronaldo Nazario celebra gol barcelona
Ronaldo Nazario (fuente: marca.com)

Fernando Torres

Paco Luna

Cuenta la leyenda que Fernando Torres era un «nueve» sin gol. Forjado en las gradas del Vicente Calderón, se ganó el apodo del Niño cuando le tocó abanderar la ilusión de un club centenario caído en desgracia a la Segunda División. Así, un mediodía de domingo, el joven Torres debutó en el Calderón para poner de pie a un estadio que vivía su temporada más melancólica.

Aunque parecía indemne al peso del escudo, con menos de 20 años no solo era el capitán del Atlético de Madrid, sino que era la única ilusión a la que aferrarse en una época mediocre. Pronto fue un mito al que rendir devoción. Demasiadas miradas dirigidas a su «nueve». Con 23 años, tuvo que salir rumbo a Liverpool. Era necesario cambiar de aires, para él, que merecía metas mayores, y para el equipo, que necesitaba que el resto de la plantilla saliera de la cómoda sombra de la superestrella.

El club de su vida nunca le olvidó. Tras triunfar en el Liverpool, ser campeón de Europa y del Mundo con la selección, marcando goles decisivos, pasar por el Chelsea con altibajos, y unos meses intrascendentes en Milán, volvió. Él tampoco se había olvidado. Durante todos esos años, nunca ocultó que su corazón latía en rojo y blanco. Su historia fue como las de algunas grandes películas de amor, una pasión que se mantuvo en el tiempo y en la distancia. Y las 45.000 personas que llenaron el Calderón en su regreso así lo atestiguaron.

Y, sí, cuenta la leyenda, a pesar de que fuera máximo goleador de dos Eurocopas y una Confederaciones, a pesar de promediar unos 15 goles por temporada en las Ligas que disputó, que era un «nueve» sin gol. Le faltaba pausa para definir y a veces fallaba clamorosamente. Lo que no cabe duda es que era un apasionado del balón, que cuando pisaba el terreno de juego lo daba todo y que siempre se podía contar con él cuando las cosas estaban más complicadas. En el Chelsea le cantaban que «marcaba cuando quería», y lo cierto es que en las grandes citas rara vez fallaba.

Del Atleti se fue con una de las despedidas más emocionantes que se han visto en un campo de fútbol, y se fue para impedir que sus desavenencias con el técnico Simeone se convirtieran en una guerra entre dos leyendas. Porque el corazón tiene razones más importantes que los goles.

Fernando Torres celebra el gol del triunfo de la Euro 2008 (fuente: As)