Los reinos del norte

En la bella Easo, el equipo de la ciudad intentaba que las heridas de la temporada anterior, donde perdieron el título en la penúltima jornada, al caer en el Sánchez Pizjuán por dos goles a uno, cicatrizaran lo antes posible. Para ello, pensaron, nada mejor que volver a intentarlo con más fuerza. A las órdenes de Ormaechea, la plantilla se conjuró para que el trofeo de campeón volviese al norte del país. Desde que el Athletic de Bilbao lo consiguió, habían pasado 25 años. En ese periodo, los todopoderosos Real Madrid y Barcelona se habían repartido los títulos, con la única aparición del Atlético de Madrid, en cuatro ocasiones, y el Valencia, solamente en una.

Arconada era el que guardaba la puerta del muro norteño. Pero, a pesar de ser uno de los mejores porteros de la historia de España, debía de rodearse de una defensa guerrera. Celayeta, Cortabarría, Górriz, Larrañaga, Murillo, Gajate y Olaizola se convirtieron en la escolta habitual del guardameta.

Para llegar hasta ellos, los equipos rivales tenían que sortear un campo de obstáculos, los que ponían continuamente un trío que seguirá perviviendo en la memoria de la capital donostiarra y del fútbol español en general: Diego- Alonso-Zamora. Este centro del campo se encargaba, además, de surtir las armas necesarias, en forma de balones, a la avanzadilla final, el comando de atacantes que abatía a los enemigos marcando goles sin descanso.

Con la ayuda puntual de un joven de 18 años que ya empezaba a despuntar (Bakero), Uralde, Satrústegui y López Ufarte eran los delanteros de aquella escuadra. Durante toda la temporada, estuvieron en los puestos de cabeza, pero, en la última jornada, la pesadilla del año anterior parecía repetirse.

Esta vez era en El Molinón, donde, a falta de pocos minutos, el Sporting vencía por dos goles a uno privando, de nuevo, a los realistas de las mieles del éxito, que ya saboreaba el Real Madrid, tras haber hecho sus deberes en Valladolid. Un último arreón del ataque donostiarra lo remató, más bien con el alma, Zamora para que, esta vez sí, la Real Sociedad de San Sebastián pudiera ceñirse la corona de laurel.

Real Sociedad gana Copa del Rey
(Fuente: Real Sociedad)

Incluso repitió título al año siguiente, pero ya no pudo competir más con los gigantes y ahí terminó su ansiado momento de gloria. Sin embargo, sus vecinos de Bilbao quisieron aferrarse al sueño del campeonato. Si la Real lo había conseguido, ellos también podrían hacerlo, ¿por qué no?

Arriesgando en su apuesta hasta el límite, la directiva puso al frente a un joven entrenador. Javier Clemente no se arrugó ante el enorme reto que tenía por delante y se dispuso a formar su ejército para competir ¿Quién dijo miedo?

Zubizarreta era el arquero, un portero alto para un desafío muy grande.

Ahora solo tenía que rodear la meta con la debida guardia pretoriana. Clemente encontró la ideal. Con Urquiaga y De la Fuente como laterales, en el centro de la defensa se colocaban las torres gemelas del equipo bilbaíno y de todo el País Vasco. Goicoechea y Liceranzu.

Este cuarteto de gladiadores, de vez en cuando, necesitaba un pequeño descanso, que venía propiciado por la ayuda de soldados como Núñez, Guisasola, Pachi Salinas o Bolaños.

Hermanos Salinas Athletic Bilbao
Los hermanos Salinas (fuente: A la contra – El Independiente)

Una vez segura la puerta, tocaba buscar a los jugadores que conectasen con defensa y delantera, quizá el puesto más difícil y con más responsabilidad para construir un equipo campeón, el centro del campo.

De Andrés, Gallego, Urtubi, Sola y Elguezábal, realizaron las labores de intendencia a la perfección. La guinda de este escuadrón de combate, en forma de goles que sumasen puntos, caía en las piernas de otro trío mágico.

Daniel Ruiz Bazán aportaba picardía y experiencia por la derecha. Desde la otra banda, la izquierda, Estanislao Argote añadía a la receta las dosis necesarias de clase y precisión. Con ingredientes como esos, solo grandes chefs podían culminar un plato especial, el del gol.

Y grande era, sin duda, Manolo Sarabia.

Con apoyos especiales de Julio Salinas o Noriega, se llegó a la última jornada del campeonato hasta Las Palmas, donde los leones de San Mamés consiguieron una holgada victoria que les daba el título si el Real Madrid caía en Valencia. Un gol de Tendillo propició que, veintisiete años después, la ciudad de Bilbao festejase un nuevo título de Liga.

Fuente: Real Federación Española de Fútbol

Desde 1984, exceptuando la aparición del Deportivo de La Coruña, ningún equipo más del norte de España ha conquistado el trofeo de Liga.

El sillón del trono aguarda impaciente que algún representante de esas tierras pueda sentarse para demostrar que, futbolísticamente, el norte también existe.