Las 10 reglas del fútbol de la calle

Horas interminables hasta que cayera el sol, viniera alguien mayor (y por lo general más grande) que tú a echarte o tu madre pegara el grito de rigor para decir que subieras a cenar. Balón reglamentario, en el peor de los casos un Mikasa y en el mejor un Etrusco algo menos lesivo para el que tuviera que patear y ni que decir para el que recibiera el pelotazo. Bordillos como útiles elementos para driblar rivales. El fútbol de la calle ha sido parte de la infancia sobre todo de los que ya peinan canas y éste, pese a lo espontáneo y por extraño que parezca, también tenía sus reglas.

Las reglas del fútbol de la calle

1. Sorteo de campo con pares o nones. Esto en el mejor de los casos ya que lo habitual era que el dueño del balón reclamara el privilegio de elegir.

10 reglas del fútbol de la calle
(fuente: getty images)

2. Los dos mejores se autoproclaman capitanes y comienzan a elegir. Lo primordial es evitar una clara superioridad que diera al traste con la contienda. Ese momento de escoger jugadores se va convirtiendo lentamente en un drama. Todo el mundo sabía que los últimos eran los «paquetes» a evitar. Normalmente, en aras de minimizar el daño terminaban jugando de delantero a lo Julio Salinas. No vaya a ser que cayera alguna y se obrara el milagro.

3. Se permite el portero delantero en el caso de ser menos de cinco por equipo o que uno de los conjuntos esté en clara inferioridad numérica. A cambio, el rival no podrá marcar desde su propio campo.

4. Para los no privilegiados en tener una portería bien valían dos mochilas, abrigos, piedras o incluso aprovechar el mobiliario urbano. No hay forma más certera además de legal que la de contar la distancia en pasos. Importante que sea la misma persona la que pegue las zancadas en ambas porterías. Resultado en cualquier caso incierto.

5. ¿Árbitro? ¿Quién necesita un árbitro? ¡Mano! Estaba pegada al cuerpo. Vale. Resuelto. Para los casos más complejos la amenaza de marcharse del campo del equipo perjudicado ante una decisión que consideraban injusta era motivo suficiente para impartir justicia. En caso contrario, algún esporádico espectador de avanzada edad opinaba. Sino, de nuevo, el dueño del balón decidía.

6. Código ético no escrito por el que cosas como meter de portería a portería o pegarle a tralla está feo.

7. El que tire el balón fuera de los límites previamente establecidos va a buscarlo. A veces el rescate podía implicar el salto de vallas o el arrastrarse bajo un coche. El dueño solía ser el más interesado en que se encontrara.

8. El gol que genera polémica sólo puede ser resuelto de dos maneras: o gol o penalti. En el caso de que se optara por lo segundo se aprovecharía para cambiar al más malo, que en caso de no jugar de delantero solía hacerlo de cancerbero, y se ponía a la estrella del equipo.

(fuente: flickr)

9. Solamente se pitara falta si el perjudicado sale o bien llorando o se pega tal leche que hasta el más bestia del equipo se asusta. La sangre no es motivo para interrumpir un partido de fútbol. Da prestigio al donante.

10. Daba igual el número de goles de diferencia. Cuando ya todo el mundo estaba muerto de tanto correr siempre había un alma caritativa que soltaba el celebrado «¡quien marque gana!».

Estas eran las 10 reglas básicas del fútbol de la calle. Los 10 mandamientos. Dependiendo de la región se podían añadir algunas leyes propias del lugar pero el decálogo anterior era incuestionable.

El fútbol de la calle, un fútbol que no deja de ser un recuerdo cada vez más lejano.

  1. Simpático artículo donde se atina bastante bien con las reglas del juego y en el que,ya los que ni peinamos canas por estar calvo, hemos podido recordar la siempre añorada niñez.

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