La Supercopa que sueña Rubiales

Nos encontramos ante uno de los momentos clave de la temporada. Este mes de febrero recupera la emoción de las competiciones UEFA, entrando en juego hasta siete equipos españoles, récord en el continente, enfrascados en eliminatorias de Champions y Europa League. Por si fuera poco, la semana que viene quedará configurada la primera final del año, la de la Copa del Rey. Un torneo que ha recuperado el lustre de otras épocas este curso, ayudado sobre todo por el cruce entre Real Madrid y Barça.

Sin embargo, no parece ser suficiente para la ambición de Rubiales, que prosigue en su misión de revolucionar la obsoleta Federación. Ya son varios los gestos de autoridad que ha llevado a cabo el exdefensa, que parece haber puesto la lupa en la próxima Supercopa de España. Aún debe ser aprobado, pero el proyecto que se baraja para este título estival ha sorprendido a propios y extraños.

En pos de aumentar el atractivo de un torneo menor, se traza un formato estilo Final Four. Esto implicaría la participación de hasta cuatro equipos, dos más de los que habitualmente disputan la competición. Este primer aspecto se traduce en una mayor apertura, pues abre la oportunidad de tocar plata a nuevos clubes. Consecuentemente, se implicaría también a dos aficiones más, con lo que ello supone a la hora de romper la tendencia bicéfala que hace copar las vitrinas de Real Madrid y Barcelona.

La idea es incorporar al cuadro a los subcampeones de Copa y Liga, favoreciendo a los semifinalistas del torneo del KO en caso de producirse duplicidades. Aunque a efectos prácticos, sólo se disputaría un partido más. De hecho, se eliminaría una semana del formato anterior a 2018 pues todo se concentraría en la misma. Además, se ha descartado un encuentro por el tercer puesto, por lo que el programa se limitaría a las dos semifinales y la final.

No obstante, el ingrediente que menor apoyo ha suscitado entre el público futbolero es el carácter exportador con el que se le quiere dotar. Rubiales es consciente de la proyección internacional de la que goza la marca fútbol español, por lo que, siguiendo con la moda actual, pretende que la sede traspase nuestras fronteras. Algo que confirma lo sucedido el año pasado, cuando la final, por primera a vez a partido único, se disputó en Tánger.

La federación también quiere explotar el filón y se considera el verano como el momento perfecto para experimentarlo. Aunque muchos recuerdan la batalla entre Rubiales y Tebas por no llevar un partido liguero a Miami, por lo que se habla de cierta hipocresía. Sin embargo, aún no ha trascendido siquiera el continente en el que se jugaría la nueva Supercopa. Si se quiere facturar de verdad habrá que echarle horas de vuelo al asunto, Asia o Estados Unidos, lo cual implicaría más inconvenientes.

El Barça fue el vencedor de la última Supercopa en Tánger. (Fuente: cdeportiva.com)

Porque el proyecto no está exento de críticas. El primero en abrir fuego, cómo no, ha sido Javier Tebas, que haciendo gala de su odio visceral a Rubiales y de cierto cinismo ha atacado la idea. Curiosamente, el artífice de iniciativas como La Liga World y otras explotaciones habla de inviabilidad tomando las preparaciones de los equipos como base. Cierto es que trastocaría la temporada de los clubes, pero hablar de calendarios y cansancio en estos momentos es irrisorio. Sí sería un problema si alguno de los participantes estuviese inmerso en las veraniegas rondas previas de Europa League, como le ocurrió este año al Sevilla. Además, el próximo verano se disputa la Copa América, lo que supondría grandes bajas en los equipos.

En definitiva, nos encontramos ante la necesaria remodelación integral de un título del que sólo presume (y poco) quien lo gana. La expectativa de que en la mayoría de los casos se produzca un clásico en pleno verano es para muchos el mayor aliciente. Además, se consolida la eliminatoria a partido único, que tanto se ansía para la Copa del Rey, y que siempre aumenta exponencialmente la emoción. Sólo el lunar de hacer las maletas, algo a que la tesorería de la RFEF no puede rechazar, parece contrariar al público. Sea como fuere, antes de criticar cualquier paso adelante que tome la Federación para romper su inmovilismo hemos de esperar a la aprobación y configuración del proyecto. Aunque en mi opinión con esta vuelta de tuerca se gana más que se pierde. Veremos si el año que viene también me gusta la Supercopa.