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La estrella solitaria

El 8 de septiembre de 1996, una estrella bajó hasta el estadio de San Siro para dejar impresionado a todo el planeta fútbol. En la jornada inaugural de la temporada 96-97, el Milan recibía al Hellas Verona. En las postrimerías del encuentro, cuando ya el cansancio comenzaba a hacer mella en algunos jugadores, George Weah recogió un balón perdido en su propia área y comenzó una carrera hacia la portería rival en la que sorteó, en un derroche de velocidad y potencia, hasta a cuatro rivales para plantarse frente al guardameta del equipo contrario y batirle con un duro disparo cruzado. El Milan ganó aquella tarde por 4-1 mientras que aficionados de todo el mundo rendían honores al que había sido nombrado balón de oro y mejor jugador mundial de 1995.

Weah comenzó a jugar al fútbol en equipos de su Liberia natal hasta que fichó por un equipo de Camerún, el Tonnerre Yaoundé. Su calidad no pasó inadvertida para el seleccionador camerunés, el francés Claude Le Roy, que le habló de inmediato a Arsene Wenger, entonces entrenador del Mónaco, de las habilidades con el balón de aquel joven jugador de Liberia. Wenger, que de fútbol sabía algo, se apresuró a hacerse con los servicios del delantero y se lo llevó al equipo monegasco para que formara una dupla atacante con Glenn Hoddle. En el Mónaco estuvo 4 temporadas en las que ganó una copa de Francia y llegó a la final de la Recopa de Europa, ganada por el Werder Bremen. Pero Weah estaba decidido a subir cotas más altas y los grandes equipos ya habían puesto sus miradas en él.

El PSG estaba reforzándose para conquistar la liga de Francia, que dominaba con solvencia el Olympique de Marsella, vencedor en las últimas cinco ediciones. Por eso, el equipo parisino no escatimó en gastos y logró formar un once de lujo en el que destacaba su delantera, formada por Raí, Weah y Ginola. En París, el liberiano estuvo tres temporadas en las que ganó una liga, dos copas de Francia y una copa de la liga, además de llevar con sus goles a su equipo hasta semifinales de la Champions.

En mayo de 1995, el Milan buscaba desesperadamente un sustituto para el retirado Marco Van Basten y se fijó como objetivo la contratación de George Weah, que conquistó ese mismo año el prestigioso balón de oro, única vez en la historia que ganaba el trofeo un jugador africano.

África ha sido y es la cuna de grandes jugadores de fútbol. Sería difícil, por tanto, decantarse por alguno como mejor jugador de la historia del continente africano, ya que habría bastantes aspirantes, entre los cuales podríamos destacar a algún elefante (Yayá Touré o Drogba), leones indomables (N’Kono, Eto’o y Milla), estrellas negras (Abedí Pelé), águilas verdes (Kanú y Okocha), zorros (Madjer), águilas (Kanouté), leones del Atlas (Zaki Badou) o faraones (Hossam Hassan). Pero, siguiendo con los apodos de las selecciones africanas, en mi opinión, el merecedor del honorífico título de mejor jugador africano de todos los tiempos  no es otro que la estrella solitaria, el fabuloso delantero de Liberia George Weah.

De hecho, si se molestan en mirar el gol con el que comienza este artículo, se darán cuenta de que guarda bastantes similitudes con otros golazos que ya hicieran Maradona, Ronaldo Nazario o Messi. Entonces ya estaríamos hablando de elegidos por la historia para que se convirtiesen en leyendas, Y ya se trata de palabras mayores,

¿Verdad?