La dulce revancha

“Colombia es mi favorita para ser campeón del mundo”. Estas palabras, dichas por Pelé, que algo entendió siempre de fútbol, vaticinaban un triunfo de los cafeteros en el Mundial de 1994. No obstante, habían goleado a Argentina por 0-5 en la fase de clasificación. Colombia acudía con una de las mejores plantillas de su historia, formada por jugadores como Valderrama, Leonel Álvarez, Freddy Rincón, Faustino Asprilla o Adolfo Valencia. Sin embargo, la unión de todas esas figuras no dio resultado y los colombianos cayeron eliminados en la primera fase del campeonato.

Siete años después, todo se preparaba para la disputa del torneo de selecciones más antiguo del mundo, la Copa América. Dicha competición era especial, ya que se trataba de la 40ª edición y la primera a disputar en el siglo XXI. Colombia se encargaría de organizarla y quiso contar para ello con las mejores selecciones del continente, pero comenzaron a surgir inconvenientes.

Para completar el plantel de doce equipos se invitó a México y Canadá, pero los canadienses no aceptaron y en su lugar acudió Costa Rica. La organización sufrió un duro golpe cuando una de las favoritas, Argentina, renunció a jugar el torneo. Se le cursó una invitación a Honduras, que aceptó y consiguió reunir, in extremis, a los jugadores necesarios para disputar la competición.

De esa forma, por fin pudo comenzar el torneo. Colombia, ilusionada, había renovado su plantel  desde aquel fracaso en el mundial de 1994. Solo repetían en la convocatoria el meta Óscar Córdoba y el delantero Víctor Hugo Aristizábal. Los cafeteros quisieron ser cautos desde el primer momento y rechazaban cualquier condición de favoritos, escaldados por el duro golpe de 1994.

En el primer partido, Córdoba y Aristizábal comenzaron a demostrar su valía agradeciendo al seleccionador (Maturana) su confianza y derrotando a Venezuela por 2-0, con un gol del delantero, que repetiría en las victorias ante Ecuador, por 1-0 y Chile, 2-0, con una diana en cada encuentro.

Así se llegó a la fase decisiva, los cuartos de final, donde los invitados demostraron que no habían venido a pasearse. Colombia derrotó a Perú por tres goles a cero, con dos nuevos goles de su ariete “ Aristigol”. Por su parte, México derrotó a Uruguay por 2-0 y Honduras dio la mayor campanada del campeonato al vencer a Brasil por 2-0, derrota que sería considerada por los brasileños como una de las más bochornosas de su historia. Las semifinales, por tanto estaban servidas.

Los hondureños, ya considerados como la gran sorpresa de la competición, cayeron ante los locales por 2-0, con otro nuevo gol de Aristizábal, que ya sumaba 6 dianas. En la otra semi, México derrotó a Uruguay por dos goles a uno y se citó con la selección cafetera en la gran final.

Honduras quiso seguir haciendo historia y derrotó a Uruguay en la tanda de penaltis tras empatar a dos goles en el partido por el tercer y cuarto puesto. También se llevaron los hondureños el mayor trofeo a nivel individual, con el nombramiento como mejor jugador de su futbolista Amado Guevara.

El partido decisivo parecía que comenzaba cumpliendo con el guión de los anteriores, pero Aristizábal se encontró con el poste en un remate a los cinco minutos del comienzo. El goleador se lesionó a la media hora de partido y se tuvo que retirar. Todo el país colombiano se encomendaba a sus dioses para no sufrir un revés tan duro como el padecido siete años atrás.

En el minuto 65, Iván Córdoba cabeceó a la red un balón ante el alivio de millones de compatriotas. Colombia era, por primera vez en su historia, campeón de la Copa América. Y no fue un triunfo ni mucho menos descafeinado, ya que lo consiguió siendo la única selección de la historia en conquistar el trofeo sin recibir ningún gol en contra.

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Iván Córdoba levanta el trofeo de campeona de América (fuente: antena2.com)

Lo que, en principio, parecía ser un torneo deslucido, acabó siendo animado por las dos selecciones invitadas a última hora. Por su parte, Óscar Córdoba y Víctor Hugo Aristizábal espantaron a los fantasmas de su cabeza al ser, respectivamente, el portero menos goleado, con cero goles en contra y el máximo goleador, con seis dianas anotadas.

Esa vez, sin que sirviera de precedente, el fútbol concedió a ambos jugadores una merecida revancha.