La apuesta del galés

Gales era una fiesta. Jernigan saltó al verde defendiendo sus colores un trece de junio. Todos cantaron su gol antológico. Mientras algún que otro funcionario y director de casa de apuestas se llevaba las manos a la cabeza, Deian solo alcanzó a decir entre lágrimas: «Os lo dije».

Desde muy temprano, Deian ya estaba en marcha para cumplir su objetivo. Se puso el único traje que colgaba de su armario e hizo café. Escuchó las noticias en la radio, el mundo seguía tan mal como siempre. Aunque ese día nada podría con su buen humor. Swansea había goleado al Manchester City. Esta vez, el humilde venció al poderoso.

Da lo mismo que fuese un partido entre juveniles. No tuvo mucha repercusión el excelente juego realizado por unos chavales imberbes. Deian se peleaba con todo aquel que le quitaba importancia. Argumentaban que entre adultos no se daría el mismo resultado, Deian solo entendía que era el más importante de los resultados y de los equipos. Eso le otorgó el impulso necesario para su misión secreta.

Aquel anciano que nunca salió de su amada isla de Anglesey, de manos marcadas de trabajo duro y tozudo como las mulas con las que había tratado toda su vida, cogió el tren hacia Londres. Como un ladrón, salió de su propia casa sin decir a nadie de su familia donde se dirigía. De equipaje solo una sonrisa de chaval haciendo una travesura en su rostro, si no contamos el sobre blanco que habitaba el bolsillo izquierdo de la americana marrón.

Y al fin, llegó a su destino. Estaba cerrado y abría en diez minutos. La taberna situada en la acera de enfrente estaba recién abierta. Si iba a realizar con todas sus consecuencias su jugada, necesitaba una pinta. Terminada la cerveza, no podía evitar ir cruzando la calle y tocar el sobre. Oraba aquella canción que su madre le cantaba en la cuna, traía buena suerte. Como todo en la vida, hay que tener en cuenta a la suerte.

Deian entró en aquella oficina reluciente y esperó su turno en la cola. El sobre salió de la prisión de la americana y fue colocado con mimo sobre el mostrador. «Quiero hacer una apuesta», afirmó con orgullo galés. Tomaron sus datos. Mientras el funcionario gris iba terminando la burocracia inicial, Deian creyó oportuno intervenir y aclaró: «Cadin Jernigan será el goleador más joven de Gales».

El funcionario creyó no entender y salió del atolladero con la excusa cobarde de que tenía que consultar con dirección. Deian no tenía prisa. Jamás había estado tan seguro de nada. El director de la sucursal recibió al campesino, con el sobre en la mano le preguntó si estaría dispuesto a firmar un contrato en el que figurase que libre de amenazas realizaba semejante locura con tanto dinero en juego. Encima por un futbolista que aún no había ni acabado el colegio. Deian firmó mientras decía con orgullo: «Cadin Jernigan, será el goleador más joven de Gales. Es mi nieto».

Fuente: ideas.mercadolibre.com

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