Indulto parcial para Rubiales

Mucho ha dado de qué hablar el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, desde su llegada al cargo allá por el mes de mayo de 2018, convirtiéndose en el sucesor de Ángel María Villar, quien había ostentado el mismo desde el año 1988.

Polémico desde el principio

Y, todo sea dicho, casi nunca para bien ha dado de qué hablar Rubiales. Para los seguidores de la trayectoria del otrora presidente de la AFE (la asociación de futbolistas, que opera como una suerte de sindicato profesional), esta circunstancia no les habrá cogido de sorpresa. Cualquiera que haga un mínimo repaso a la trayectoria del hoy presidente de la Federación no pasará por alto el hecho de que es más que notorio que nunca ha pasado desapercibido. Amén de su personalidad rebelde, no exenta de causar polémica, y su talante batallador y, en ocasiones, en exceso impulsivo. Lo que sí es seguro es que no se casa con nadie y, equivocada o acertadamente, defiende a ultranza aquello en lo que cree.

Ya cuando fue presidente de la AFE, al poco de llegar el cargo empezó a revolucionar el panorama futbolístico nacional amenazando con convocar una huelga en la misma semana en que se jugaba un Madrid-Barça. Posteriormente, en la 2011-2012 la amenaza de huelga se materializó en un efectivo parón, que afectó a la primera jornada de aquella liga. Huelga que no se convocaba en el fútbol español desde hacía, por aquel entonces, veintisiete años.

No contento con ello, en 2016 convocó un parón indefinido desde mayo por la exclusión de los jugadores del Real Decreto para la venta centralizada de los derechos de televisión de los clubes. Este tiro sin embargo le salió por la culata, pues dicha huelga fue declarada ilegal por la Sala de lo Contencioso – Administrativo de la Audiencia Nacional.

Presidente de la RFEF

Como vemos, el periplo institucional de Rubiales no puede dejar indiferente a nadie. Por ello, quien mínimamente supiera algo del talante y del modo de proceder del hoy presidente de la RFEF no puede estar sorprendido por toda esta vorágine informativa que es capaz de fabricar él mismo: la destitución fulminante de Lopetegui, el lío con el presidente del Sevilla cuando la Supercopa en Marruecos, sus más que constantes rifirrafes con Tebas (impugnación de los partidos en EE.UU y oposición a jugar los lunes), lo de Arabia, lo de Luis Enrique y Robert Moreno, etc…

Si bien respecto de todos estos líos que ya atesora en su haber el presidente puede existir una opinión dividida en torno a si obró adecuada o inadecuadamente, hay un particular sobre el cual la opinión es mayoritaria en cuanto a lo acertado de la decisión: el cambio de formato de la Copa del Rey. Salvo algunas opiniones peregrinas, percibo casi unanimidad en tal sentido, es decir, en considerar que la competición ha salido reforzada con este nuevo formato, dotándola de un carácter vibrante e impredecible que le da chispa a esta nueva Copa.

Eliminatoria Antoniano - Betis, disputada en el Benito Villamarín
Eliminatoria Antoniano – Betis, disputada en el Benito Villamarín (fuente: sevilla.abc.es)

La nueva Copa del Rey

Los únicos lunares que, a mi modo de ver, pueden ser susceptibles de mejora son dos: de un lado, el hecho de que en la primera ronda no se permitiera a ciertos equipos modestísimos jugar en sus feudos. Caso, entre varios otros, del Antoniano (jugó en el Villamarín ante el Betis) o del Becerril (jugó en La Balaustrera de Palencia ante la Real Sociedad). Si esta Copa ha enganchado tanto ha sido precisamente por ese morbo futbolístico de ver a equipos grandes y con solera batirse el cobre en las trincheras de los campos del fútbol modesto. Si obligas al modesto a irse a un estadio que cumpla más con los estándares del fútbol de élite, estás desvirtuando el espíritu de esta nueva Copa.

Queremos ver a las estrellas cambiándose en un vestuario sin calefacción y con una sola ducha. Queremos ver a las estrellas corriendo la banda junto a la cal y que sientan el aliento del aficionado que está a escasos dos metros en la grada. Y que se pongan de barro hasta las orejas.

Por otro lado, también es un punto a mejorar el de los sorteos dirigidos. Creo que para la primera o, máxime, segunda ronda a partir de entrar los equipos de Primera División, bastaría. Ello a colación de que los equipos provenientes de la Supercopa en Arabia tenían el sorteo teledirigido para cruzarse con los más modestos. Es entendible que por méritos del año anterior queden exentos de disputar los dos primeros cruces para así aprovechar y tener hueco para la disputa del torneo que este año tuvo lugar en Arabia Saudí, pero ya me parece demasiado que, una vez entras, tengas un beneficio adicional.

No obstante lo dicho, considero que la competición ha salido ostensiblemente revitalizada. Tenemos dos semifinales interesantísimas: Mirandés-Real Sociedad y Athletic-Granada. Los vencedores se verán las caras en la final del 18 de abril que tendrá lugar en el sevillano estadio de La Cartuja.

Por este gran acierto de Rubiales y por haber recuperado una competición que se había vuelto anodina y previsible, creo que se merece un indulto, siquiera parcial, por haberse hecho perdonar todos esos líos que ha protagonizado desde que se aupó al sillón presidencial.


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