Hombre de fútbol – Arthur Hopcraft

Considerada una de las obras maestras del género futbolístico Hombre de Fútbol es sin duda un libro para degustar. Escrito por el periodista Arthur Hopcraft justo dos años después de que Inglaterra se proclamara campeona del Mundo en 1966.

Hombre de Fútbol (en versión original The Football Man) tiene un hilo argumental en el que se van describiendo todos los elementos que forman parte del mundo del fútbol, con el detalle de quien ha hecho una gran labor de investigación y ha vivido la gran parte de las historias que cuenta. Y es que Hopcraft fue periodista deportivo durante muchos años para The Guardian y The Observer.

La obra comienza con un capítulo referido a “Los jugadores” donde se relatan los inicios de George Best con anécdotas probablemente desconocidas para el lector donde se observa la evolución que tuvo el norirlandés hasta convertirse en uno de los primeros iconos mediáticos, precursor de lo que hoy día es norma. Asimismo se repasa en la figura de Stanley Matthews la carrera del futbolista con un perfil totalmente diferente al de Best llevando la profesionalidad y la devoción por este deporte al límite. Obviamente no podía faltar un hueco para el gran Bobby Charlton de quien asimismo cuenta situaciones únicas gracias a haber entrevistado a su madre.

Portada del libro Hombre de Fútbol de Arthur Hopcraft
Portada del libro Hombre de Fútbol (fuente: rocalibros)

De cómo los futbolistas lucharon para que se rompiera el límite salarial de 20 libras semanales en vigor hasta inicios de los años 60. Pero el fútbol, como la vida, no es sólo éxito. Hopcraft también relata momentos duros relacionados con el deporte rey como el accidente de avión del Manchester United en el aeropuerto de Munich en 1958 o la carrera truncada de una gran promesa del fútbol inglés de la forma más cruel. 

Una vez descrito el papel de los futbolistas la siguiente parte en Hombre de Fútbol relata el papel de los entrenadores con ejemplos de muy diferentes perfiles como Stan Cullis de Wolverhampton, Don Revie manager del Leeds United o el gran Sir Matt Busby del Manchester United.

Un nuevo capítulo lo ocupan los presidentes, descritos por Hopcraft como amateurs dirigiendo a profesionales. Dos ejemplos claros, Harold Needler de Hull City y Bob Lord de Burnley. Harold fue el primer presidente que ofreció un contrato de 10 años a su entrenador. Por su parte, Bob era conocido como el Khrushchev de los directivos al prohibir a los reporteros hacer su trabajo.

No es posible obviar el descubrimiento de un gran jugador, incluso si el día que lo ojeas no tiene su mejor actuación. Siempre hay algo de un jugador con talento que te llama la atención.”

Matt Busby

De los presidentes se pasa al juez de la contienda, el árbitro. Gracias al testimonio de Ernie Crawford, árbitro en el Mundial de 1966, podemos saber qué siente un colegiado mientras imparte justicia sobre el terreno de juego. Lo importante no es no equivocarte, el jugador sabe que te vas a equivocar igual que lo hace él. Lo que verdaderamente importa es que el futbolista vea que tomas las decisiones en función de lo que has visto. 

Los aficionados y su relación con el fútbol tienen también su propio espacio en Hombre de Fútbol. Para lo bueno, y para lo peor del ser humano encarnado en una violencia que no hace sino que unos pocos ensucien el nombre de este deporte. Y de la afición pasamos a los futbolistas amateurs, a todos esos que esperan con ansia la llegada del domingo para calzarse las botas y emular en los campos embarrados a las figuras que siguen por televisión.

La prensa, los combinados extranjeros que en más de una ocasión bajaron a Inglaterra de su trono imaginario de rey del fútbol y cómo ve el autor el futuro del deporte componen los tres últimos capítulos.

En definitiva nos encontramos ante una auténtica maravilla que cubre todos los aspectos del fútbol desde todas sus posibles perspectivas. Una pieza única escrita con el estilo único de Arthur Hopcraft. Para todo aquel que esté desencantado con el fútbol moderno, Hombre de Fútbol es sin duda una lectura obligatoria. Y para el que lo ame, también.


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