Funcionamiento orgánico del Olympique de Marsella

En términos generales, lo que determina que un sistema funcione de manera orgánica es el hecho de que contenga una serie de elementos estructurales que trabajen en relación para llevar a cabo una función. El ejemplo claro es el cuerpo humano, donde los diferentes órganos se relacionan para llevar a cabo las diferentes funciones fisiológicas. En el mundo del fútbol, el ejemplo podría ser el Olympique de Marsella de André Villas – Boas.

El Olympique de Marsella es, sin duda, uno de los grandes históricos de Francia. Se trata del único club galo campeón de Europa. También es el segundo en el palmarés de títulos de Liga (tras el Saint – Etienne) y de Copa (tras el PSG) en aquel país. Pero también es un club que en lo que va de siglo XXI ha sufrido bastantes vaivenes. Tras aparecer como alternativa a la era dorada del Olympique de Lyon, quedó campeón en 2010. Con la millonaria hegemonía del PSG ha quedado relegado a papeles secundarios. Desde ese título de hace una década, ha alternado un par de subcampeonatos con temporadas en las que no ha conseguido clasificación europea (como en la pasada) o incluso en las que no ha pasado de mitad de tabla.

En esta última década también ha vivido una nueva ampliación de su estadio y la llegada de un nuevo dueño. El empresario estadounidense Frank McCourt, se hizo con la mayoría de las acciones del equipo en 2016, revitalizando la inversión económica del equipo y dando nueva ilusión a sus aficionados. Llegó tras la época de Míchel en el banquillo, que acabó con una guerra interna que convirtió a este histórico en un ejemplo de mala gestión.

McCourt puso al frente del equipo como presidente a Jacques – Henri Eyraud, venido del mundo de la comunicación. Para la dirección deportiva, desembarcó Andoni Zubizarreta, cuya labor ha sido puesta en entredicho en varias ocasiones. Como técnico, apostaron por Rudi García. Con buenos fichajes, fueron mejorando al equipo, cuyo mayor logro fue la final de Europa League en 2018, cuando cayeron ante el Atlético de Madrid. Pero en su liga, dos quintos puestos y un cuarto, sabían a poco.

No obstante, fue Zubi el máximo valedor del actual técnico. Confianza que resulta recíproca, ya que Villas – Boas ha comentado recientemente que su cargo está ligado a la continuidad del vasco al mando de la gestión deportiva del equipo.

Villas Boas Olympique de Marsella
Villas-Boas (fuente: lequipe.com)

André Villas – Boas ha sido un ejemplo de precocidad durante toda su carrera. Con 16 años, asombró a Bobby Robson, por entonces en el Oporto, entrando a formar parte de los ayudantes del veterano técnico inglés. Esto le unió a Jose Mourinho. Trabajó como analista del Special One en el propio Oporto y en el Chelsea, ascendiendo a segundo entrenador cuando llegaron al Inter. En 2009 arrancó su carrera en solitario, con solo 32 años, dirigiendo al Académica de Coimbra. Su buen papel le llevó en la siguiente temporada al Oporto. Allí, se convirtió en uno de los entrenadores de moda del fútbol mundial, al levantar la Supercopa de Portugal, la Liga y la Copa de aquel país, y redondear la actuación con el triunfo en la Europa League.

Con 33 años, el Chelsea pagó 15 millones de euros al Oporto para poder ficharle. A la edad en la que la mayoría de los entrenadores aun no ha debutado, él era uno de los tops mundiales y parecía seguir los pasos de su mentor Mourinho. Pero siguiendo con su precocidad, dos temporadas y media después, puso fin a su periplo por la Premier con dos despidos: Chelsea y Tottenham. Con 36 años, era expulsado de la élite europea. De allí, fue a parar a Rusia, donde en un par de temporadas ganó una Liga, una Copa y una Supercopa con el Zenit. Pero en 2016, antes de cumplir los 40, marchó a ese cementerio de elefantes que es la liga china. Incluso, ahondando en ese sensación de prerretirado, en 2018 se dedicó a participar en el Rally Dakar.

Con 41 años, una estupenda edad para un entrenador, le ha llegado la oportunidad del Olympique de Marsella. Seguramente por suerte para ambos. Villas – Boas, al igual que Mourinho, es uno de los máximos exponentes de la escuela portuguesa de la periodización táctica. Dicha metodología de entrenamiento se basa en tomar el modelo de juego del equipo como base de todo el trabajo a realizar. Centrándose en la táctica, partiendo de la idea que tiene el entrenador del modelo de juego del equipo, se trabajan en el entrenamiento los diferentes momentos que pueden producirse en un partido. El objetivo es conseguir que el jugador sepa qué debe hacer en cada situación específica. Así se consigue esa impresión de funcionamiento orgánico. Cada uno sabe lo que debe hacer en cada momento, todos tienen un papel, una función, en cada uno de esos momentos.

Villas – Boas trabaja dentro de esa idea. La desarrolla formando con un 4-3-3 como sistema inmutable. Dentro de ese dibujo, en fase ofensiva, los laterales están a la altura del balón, para colaborar en la superioridad numérica. Son elementos fundamentales para este Olympique. En el centro del campo, juega con un mediocentro y dos interiores. El mediocentro es bastante fijo, defensivo, y cubre los huecos que dejan las subidas de los laterales. Entre los interiores, uno es claramente más ofensivo, actuando casi como mediapunta cuando el balón se encuentra en campo de ataque, y el otro se queda cerca del mediocentro con funciones defensivas. La línea de ataque está formada por un ariete clásico que se mueve bien en el área y dos mediapuntas que parten de una posición teórica muy abierta, pero que se mueven con libertad y llegan a gol.

En ataque, el balón arranca en combinación entre los centrales y el mediocentro. Tratan de continuar la progresión del ataque combinando con los laterales o los interiores. Si se ven forzados, no arriesgan el toque en exceso, y buscan balones largos al punta o los mediapuntas, que reciben de espaldas y descargan a la línea anterior. En campo contrario, cuando atacan en estático, los laterales y mediapuntas coordinan sus movimientos para que cuando unos progresan por fuera, otros rompan por dentro. De esa manera, forman un frente de ataque de hasta cinco jugadores en línea (dos laterales, dos mediapuntas y el interior más ofensivo), que provocan superioridades numéricas con el balón en los pies. Además, siempre tienen al ariete para rematar centros o buscar balones al espacio. Reseñar que, aunque la intención principal sea combinatoria y de manejo de balón, también son potentes en el contraataque, por la calidad individual de sus jugadores ofensivos.

Kamara Olympique de Marsella
Kamara, gran promesa del Olympique de Marsella (fuente: Marca)

En fase defensiva, suelen intentar presionar a los equipos que tocan desde atrás. No tienen reparos en llevar esa presión al área rival si es necesario, y les sirve para intentar robar el balón cerca de la portería ofensiva. Para ello, se colocan en 4-4-2, con el interior ofensivo presionando en la misma línea que el ariete y con los mediapuntas incrustados en la medular. Cuando deciden no presionar tan arriba, el ariete queda a la altura de los centrales rivales, los mediapuntas se alinean con los dos interiores, como primera línea defensiva y el mediocentro queda libre para barrer por delante de los centrales. Los laterales quedan a la altura aproximada del mediocentro, apretando a los jugadores ofensivos de banda del rival. Bajan a la altura de los centrales solo cuando el ataque del rival se convierte en posicional, asentado en su campo.

Al tratar de defender tan arriba, tienen problemas a las espaldas de los laterales, o cuando el rival mueve el balón rápido de banda a banda. Estas situaciones les cogen en ocasiones con los centrales en inferioridad.

A balón parado, tienen en Payet a un arma fundamental a la hora de servir el balón. En los córners a favor, se sitúan los centrales con el delantero y uno de los mediapuntas en el primer palo, los dos interiores esperan en la frontal para cazar los rechaces, y el mediocentro espera paciente en el segundo palo, por si llega la pelota. En defensa, forman de manera mixta, con jugadores en zona y al hombre. Como dato curioso, puede colocar hasta tres jugadores libres en el primer palo.

Villas – Boas tiene un once bastante fijo, con pocas alternativas de uso habitual. Algunas de ellas, determinadas por lesiones. Más allá de lo que pueda tener de decisión propia, los problemas económicos de este OM determina que tenga una plantilla corta, completada con jóvenes de poca experiencia.

En portería, el capitán y eterno Mandanda. A sus 35 años sigue siendo un portero ágil, valiente en las salidas y, por supuesto, experto, que rezuma tranquilidad. No obstante, tendrán que irle proporcionando un relevo, ya que su sustituto, Yohann Pelé, es dos años mayor que él.

Steve Mandanda, eterno capitán (fuente: Transfermarkt)

Para los dos centrales, hay tres opciones principales. El joven Boubacar Kamara, a sus 20 años, tiene un futuro excelente. Muy fuerte al cruce, es capaz de jugar en posición de mediocentro, corrigiendo los errores de colocación de sus compañeros, e incluso los propios. A su lado, o juntos cuando el joven francés ejerce de mediocentro, están el español Álvaro González y el croata Caleta – Car. Ambos sobrios y fuertes, el primero de ellos más dotado para sacar el balón, el segundo más fuerte por alto.

Los laterales son fundamentales, como hemos explicado, para el juego de Villas – Boas. Es importantísimo que sean muy completos, ya que tienen su papel protagonista en todas las alturas y momentos del juego. En la izquierda, Jordan Amavi es un seguro. En la derecha, Bouna Sarr está haciendo un gran papel, a pesar de que en principio, el puesto era para el japonés Sakai. Tras la lesión de éste, Sarr, que también podría formar en posición más ofensiva, ha demostrado una capacidad física superlativa para ocupar toda la banda. Aunque ya tiene 28 años, su gran temporada le augura poder ser una opción provechosa de venta este verano, ya que los marselleses tendrán que hacer caja.

Por delante de la defensa, si no juega Kamara, forma el holandés Strootman. Con menos físico y mejor manejo del balón que el francés, cumple bien con su función de eje del equipo. A su lado, como interior defensivo, juega Rongier. Es probablemente el eslabón más débil del equipo, aunque logra equilibrar defensivamente el centro del campo, sobre todo si no está Kamara. El interior ofensivo es Morgan Sanson. Se trata de un brillante francés de 25 años, que tiene una conducción de balón más que sobresaliente, es capaz con ella de llevar el balón al resto de jugadores ofensivos. Además, tiene pegada desde fuera del área. Es otro de los candidatos a ser una buena venta para los olímpicos.

Arriba, el mediapunta derecho que forma habitualmente es Germain. Se trata de un delantero reconvertido, aunque está más dotado para descargar sobre los compañeros que para demostrar olfato de gol. Rompe hacia dentro para acompañar al ariete, dejando camino libre para las subidas de Sarr (quien también forma a veces en esa posición). No obstante, ese puesto estaba destinado a Thauvin, una de las estrellas de ese equipo, que se lesionó a principios de temporada y estaba empezando a regresar cuando se paralizaron las competiciones.

El ariete es el argentino Benedetto. Un nueve de toda la vida al que muchos recordarán por la mueca dedicada al defensa rival con la que celebró su gol en la final de la Libertadores del Bernabéu cuando jugaba en Boca. No impresiona físicamente, pero pelea como el que más, y tiene una gran velocidad de reacción en el área que le facilita el camino al gol.

Payet Olympique de Marsella
Dimitri Payet, la estrella de este Olympique de Marsella

Como mediapunta izquierdo, la gran estrella del equipo, Dimitri Payet. Parte de la banda, y se compenetra con el lateral y el interior para poder romper hacia dentro y demostrar su gran pegada. Es un ejemplo más de ese funcionamiento orgánico del que hablábamos. Por Payet pasan casi todas las jugadas de ataque del equipo. Es un gran talento y un jugador peligroso, tanto a balón parado como en movimiento, por su buen pie. No obstante, siempre me dio la impresión de que se trata de un jugador que no ha querido ser tan importante como podría haber sido, se ha acomodado siendo cabeza de ratón, y así no ayuda al equipo.

Esta puede ser la temporada de la resurrección del Olympique de Marsella y de André Villas – Boas. Esperaremos a final de temporada (cuando esta se produzca) para ver si aguanta en una dignísima segunda plaza tras el todopoderoso Paris Saint – Germain. Pero no queda solo por ver cómo acaba esta temporada, sino saber si aguanta la estructura técnica de Zubi y Villas – Boas, y si aciertan con las ventas y compras para mejorar sus cuentas sin desmembrar un equipo que apunta maneras muy ilusionantes.