El triunfo de la mediocridad

Que Messi quiera marcharse del FC Barcelona, de la que ha sido su casa en los últimos 17 años significa el triunfo de la mediocridad. La genialidad única del 10 marchará por la puerta de atrás de Can Barsa. Mientras, se quedará la vulgaridad encarnada en una presidencia que no es digna del puesto que ocupa.

Parece el sino de un club donde se trata con normalidad que iconos temporales o generacionales salgan de malas maneras. A la larga lista de Cruyff, Ronaldo, Romario y Figo se une ahora Lionel Messi. La persona que hizo que el Barsa dejara de esforzarse cada vez más por recordar Wembley para pasar a tener 5 Copas de Europa.

Decía Messi no hace tanto tiempo que se sentía feliz en Barcelona y que para él lo importante era tener un proyecto ganador. La realidad es que hace años que el conjunto culé por no tener no tiene ni proyecto. Fichar individualidades a golpe de euro no hace un equipo. No tener un director deportivo de nivel, acumular cargos en la figura de su presidente o fichar entrenadores de verbo cruyffista y actos contrarios reduce mucho tus opciones de tener un proyecto ganador.

No queda ya otra que negociar una salida que intente cubrir esta tristeza añadiendo ceros a la vergüenza. La vergüenza de ver cómo alguien de los tuyos no aguanta más.

El gesto discutible del frío burofax no debe impedir ver el bosque. Aquí son todos culpables, la directiva y los socios que revalidaron su mandato cegados por un triplete del que ya no queda nada. Supongo que ni campañas en periódicos afines al poder pueden ya tapar la miseria que queda en Can Barsa. Una miseria que aprovechara la salida del mayor mito de la historia del club para salvar sus patrimonios en peligro por unas fichas desproporcionadas y sentenciadas por el Covid.

Quizás la marcha de Messi sea el último servicio a la que ha sido su vida. Una especie de grito desesperado a la afición para que despierte del letargo en el que ha vivido los últimos años.

Hay que dejar las medias tintas en el armario y decirle al socio la insostenible realidad que vive su club.

Es hora de que vuelvan a casa los que no deberían haberse ido.