¡El Sevilla no se vende!

Peliagudo. Dice la Real Academia de la Lengua, en su segunda acepción: “Dicho de un negocio o de otra cosa: Difícil de resolver o entender”. En su género femenino el término pasa a peliaguda. Como peliaguda resultó ser la Junta General de Accionistas del Sevilla Fútbol Club y como peliaguda se presenta la convivencia en un club con un funcionamiento histórico tan especial.

Celebrada el pasado 11 de diciembre, una Junta en la que no debería haber sucedido nada extraordinario, se convirtió en el primer escarceo de una probable guerra civil. Tras unos números inmaculados y una situación deportiva envidiable, la directiva no quiso, no supo o no pudo afrontar el principal dilema que se les presentó y que es, hoy en día, la mayor preocupación, con diferencia, del sevillismo. En adelante, explicamos someramente lo sucedido y cuáles son los dos bandos presentes en la contienda.

Junta General de Accionistas del Sevilla F.C. (Fuente: www.estadiodeportivo.com)

Los preliminares. A esta Junta se llega como final de una carrera en la que se ha disparado el número de acciones del club que han cambiado de manos, acciones que, adquiridas en su día por 10.000 pesetas (para los posmilenials, 60 EUROS), según las malas lenguas, se pueden llegar a vender por 3.800 EUROS. Gran beneficio. Pero la compra masiva no llega a esas cifras de repente, de modo que por el camino, hay pequeños accionistas que vendieron por menos de mil euros y otros, los que supieron esperar, que han obtenido mejor tajada. De este modo, hay cinco grupos que reúnen alrededor del 70% de las acciones, son los grupos representados por José Castro, José María del Nido, Rafael Carrión, Francisco Guijarro y Roberto Alés. Se estima que han sido unos 2.000 accionistas los que han vendido en un número aproximado de 11.000 acciones.

La mecha. Se enciende al impedir los grandes accionistas el blindaje de los bienes inmuebles del club, el estadio Ramón Sánchez Pizjuán y la Ciudad Deportiva de la Carretera de Utrera (ambos de gran valor urbanístico, el primero en el centro geográfico y comercial de Sevilla, la segunda, en una de sus zonas lógicas de expansión con una comunicación existente envidiable), entre otras propuestas encaminadas a limitar que un futuro dueño pudiese disponer con plena libertad sobre la sociedad. La votación rechazando estas propuestas por parte de los accionistas mayoritarios dejaba entrever una especie de pacto entre enemigos íntimos. Mucho debe haber en juego para que se formen ciertas parejas de baile.

Los malos. Los grandes accionistas se han dedicado a comprar de forma compulsiva en una carrera vertiginosa. En algunas ocasiones mintiendo, ya que, entre otras razones, indicaban a los pequeños accionistas que querían comprar para tener fuerza suficiente ante la oposición, malísima, que sí quería vender. Ya, claro. Y ahora tan amigos. Estos grandes amigos no son malos por vender sus paquetes de acciones. Tienen todo su derecho. Pero existen artimañas de dudosa moralidad en la adquisición previa y, recuerden, a día de hoy, el presidente mantiene que él no va a vender el estadio ¿Por qué, entonces, impedir su blindaje? Este blindaje simplemente consistía en aceptar la propuesta del pequeño accionariado: modificar el artículo 18 de los estatutos del club por el que para vender el patrimonio del Sevilla sea necesario el consentimiento del 75% de los accionistas, y no el 50,01% de hoy en día.

El héroe. Apelando a la pasión, al recuerdo y al sacrificio de muchos sevillistas que aportaron lo que tenían y lo que no para levantar el templo nervionense, en un discurso memorable, Alejandro Cadenas se erigió en la voz de muchos sevillistas que vieron su sentimiento y su pensamiento reflejado en sus palabras. Él puso nervioso a los que mandan. Él logró que las aguas mansas adquiriesen una bravura inesperada y que el ambiente de la Junta resultase irrespirable para los accionistas mayoritarios. Fue él el héroe que generó el posterior error de Carolina Alés, hija de Roberto, y que, al menos en esos comentarios, se dibujó como una soberbia e insolente niña mimada. No sé si lo es. Sí sé lo que dijo. No es de recibo apelar a la escasez del bolsillo ajeno cuando no sabemos muy bien cuánto se ha trabajado para tener el propio lleno. Y de avaros en nuestra historia reciente podemos sentarnos a hablar un rato. Un buen rato. El error de Carolina Alés no se quedó en las formas, sino que enseñó el fondo, hasta ese momento enterrado, que tanto se habían esforzado por esconder. Ellos venderán si quieren. Pues si es así sean valientes y díganlo.

Carolina Alés (Fuente: www.abc.es)

Los contendientes. Quise esperar unos días para poder escribir acerca de la famosa Junta. El pulso en las redes sociales era beligerante, tenso y desafiante. Pero en el debate no había unanimidad. He estado en dos ocasiones en el estadio desde aquel día. Existen protestas que percibo que son mayoritarias. Pero hay también una gran minoría que permanece en silencio, anestesiada o cómplice. Y tienen todo el derecho, ojo.

Por un lado, tenemos a aquellos que no quieren ni oír hablar de una venta. Se encuentran con la paradoja de que deben defender la gestión de Castro, y la anterior de del Nido que son los que ahora traicionarían su confianza. Pero, y no les falta razón, rebaten con hechos a los que dicen que el sistema está agotado hablando del presente, demostrando que el Sevilla puede seguir fichando barato (Tomas Vaclik) y seguir compitiendo al más alto nivel (segundo en Liga, vivo en Copa del Rey y Europa League) y recordando ciertos fracasos en los fichajes más caros realizados por el club (Muriel, Gnagnon, Arouna Koné, Ciro Inmobile…) ¿Qué asegura el dinero? Esta vertiente defiende que el inversor extranjero no es más que eso, un inversor que, tarde o temprano, querrá obtener rédito de su dispendio. Estos son algunos de los argumentos que me esgrimía un muy buen amigo.

Pero otro amigo, en otro foro, me indicaba que el modelo sí estaba en vías de agotarse. Que el Sevilla ya no podía fichar por poco dinero, curiosamente me hablaba de Gnagnon, pero también de Amadou o de Quincy Promes y que mucho menos podía vender por lo que vendía. Indicaba que ya no se podía recuperar la inversión que se hizo por Muriel y que no sería la última. Él defendía que en vez de fijarnos en los modelos del Racing de Santander o el Málaga, lo hiciéramos en el Liverpool, Chelsea o PSG. Él quiere a los actuales accionistas fuera del club como sea y entiende que el riesgo a asumir con una venta al mecenas americano, chino o de donde fuese, merecería la pena.

Ambos representan ideas de futuro, una con base en valores históricos, románticos e inteligentes que permanecen exitosos año tras año hasta esta misma temporada, la otra práctica, arriesgada, pero valiente que igualmente puede traer gloria, pero que igualmente puede no traerla.

Como ven, la situación es peliaguda en la segunda acepción de la R.A.E. y me temo que ni la directiva, ni los grandes accionistas, ni, sobre todo, Carolina Alés, fueron peliagudas en su tercera acepción de la Real Academia (“dicho de una persona: sutil, mañosa”).

De momento al primer escarceo en la Junta se están sucediendo una serie de iniciativas dispuestas a demostrar que la hipotética venta no será fácil. El Sevilla siempre ha sido un club de su gente, gestionado por prohombres de marcado perfil empático, y es precisamente su gente la que está demostrando con su incansable ánimo al equipo, en el transcurrir de los partidos, una madurez y una idiosincrasia asombrosas. La afición está con el equipo. Los “malos” se están llevando su ración de pitos, sí, pero en tiempo y en forma, tal y como se deben hacer las cosas, hasta en la Junta General de Accionistas de una Sociedad Anónima Deportiva que se quiera vender.