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El filósofo de la nada futbolística

En la recién acabada vigésimo novena jornada de Liga, el partido que realizó el Betis de Setién supuso una nueva oda al mal fútbol, a la baja intensidad, a un estilo caduco e insulso. Una nueva muestra de la nada futbolística que predica este entrenador. El filósofo de la horizontalidad y el pase atrás.

El Rayo Vallecano, penúltimo clasificado de la Liga, le dio un auténtico baño al Betis, que sin embargo no le sirvió para cosechar el triunfo, fruto de la mala puntería de los vallecanos. Un Betis reflejo de su inoperante y trasnochado entrenador salió a arrastrarse por el terreno de juego del populoso barrio madrileño.

La racha del Real Betis es de cuatro victorias en los últimos veinticinco partidos, contando todas las competiciones. Una racha que, trasladada a una Liga, supone más de media competición, más de una vuelta entera. Cualquier entrenador del mundo con semejantes números habría dado ya hace un tiempo con sus huesos en la calle. Las sensaciones que transmite este Betis de Setién son deplorables, pese a tener una de las mejores plantillas de su historia, condenado a estar dirigido por un fanático obcecado como el cántabro.

Resulta asimismo realmente notable el hecho de que no sea un clamor cada jornada en el estadio la exigencia de la afición de que el preparador cántabro no siga al frente de la plantilla, llevando a la deriva la nave verdiblanca. La afición se encuentra anestesiada, apática, desilusionada, algo pasota. Y es que Setién tiene mucho de encantador de serpientes: un discurso de cara a la galería biensonante, presuntamente apostando por un fútbol virtuoso y vistoso, con una cara amable. Todo es pura fachada con un interior vacío. Todo muy biensonante, hasta tal punto de que existe una cierta anestesia entre el respetable en Heliópolis, creo que achacada a que se ve como políticamente incorrecto pedir la marcha de Setién, pese a que ya son mayoría abrumadora (según mi percepción) los que quieren a este entrenador fuera del Betis cuanto antes.

Por su parte, los que aún defienden a Setién lo hacen con todo un arsenal de clichés y eslóganes huecos que no aportan ninguna carga futbolística, táctica o técnica. Los argumentos más manidos de ese repertorio son del tipo: “¿Y a quién traes?”, “¿Qué quieres, que vuelva Poyet (entrenador tóxico e incendiario por cierto), Velázquez o Garrido?”, “¿Ya no te acuerdas de que hace unos años estábamos en Segunda?”, “Con él hemos ido a Europa League”, etcétera. Que los argumentos en defensa de alguien sean apelar a un pasado de fracasos y a que los demás eran peores, sin señalar ninguna virtud del defendido, dice muy poco de éste. Eso sí, argumentos futbolísticos ninguno. Se admiten sugerencias.

Ya en mi primer artículo en esta publicación hice hincapié en varios de los vicios que este entrenador tiene en su percepción balompédica, pero a lo largo de este artículo pondré énfasis y profundizaré en otros distintos:

– Se suele repetir como una letanía agotadora que al menos Setién ha traído un estilo reconocible a este Betis. Estoy totalmente de acuerdo. El juego del Betis es perfectamente identificable. Una sucesión de pases en horizontal y hacia atrás, pases al pie, juego lento y anodino. Insulso, inocuo, irrelevante. Un estilo que consiste en sacar el balón desde atrás asumiendo riesgos innecesarios y temerarios, que en caso de mínimo error de los defensas y el portero comportan un peaje desmesurado en relación con el posible beneficio que se puede obtener. Sin embargo, al llegar a línea de tres cuartos, curiosamente, no se arriesga. Es decir, el Betis arriesga en defensa, cuando el producto a obtener es insignificante, pero al llegar arriba lo que se busca es asegurar la dichosa posesión. Y toque, toque, toque…

Rayo Vallecano Betis
Fuente: laliga.es

– Innegociabilidad de la forma de juego. Ello conlleva varios perjuicios para el equipo. De un lado, el rival ya sabe a qué atenerse y cómo le vas a jugar. Eso te hace previsible, restando casi al mínimo la posibilidad de sorprender en partidos determinados. El toque por el toque, la posesión por la posesión. El fútbol es un deporte muy rico en cuanto a posibles lances o suertes del juego, y es de muy mal entrenador relegar al ostracismo posibilidades tales como jugar en determinados encuentros o fases de los mismos con transiciones rápidas y vertiginosas (el Betis cuenta con jugadores ideales para este tipo de juego), se renuncia al contragolpe, al juego por bandas sorprendiendo con extremos en ruptura. Se desprecia el juego directo y vertical en detrimento de un toque y posesión que hacen que el juego del equipo sea pastoso, aburrido, indigesto, insípido, previsible, lento, desesperante. Igualmente, es innegociable el sistema de tres centrales y dos carrileros largos (carriles que en muchísimas ocasiones son ocupados por jugadores fuera de sitio e inaptos para tal función, colocados ahí por el narcisismo de este entrenador, que le impide cambiar coyunturalmente de dibujo). Todo en Setién es innegociable, postura propia de un talibán del fútbol. Eso de adaptarse a las características del rival puntualmente o a las vicisitudes de tu plantilla es impensable.

– A colación de lo dicho anteriormente, otro de los defectos de este filósofo inventor del fútbol es poner a jugadores fuera de puesto. Lo que se conoce en el argot futbolístico como “ataques de entrenador”. Lo de Francis clama al cielo, ya no le basta con reconvertirlo a carrilero derecho. Ya últimamente ha sido habitual verlo en el carril izquierdo. Un jugador cuyo puesto no es ése que, además, no da a día de hoy la talla mínima para jugar en Primera División. Partidos como el que el canterano perpetró en Bilbao esta temporada han pasado, por méritos propios, a situarse en un lugar de honor dentro de la galería de los horrores del beticismo. Especialmente sangrante es también ver a Joaquín, con 38 años, de carrilero derecho teniendo que cubrir toda la banda. O a Guardado de carrilero izquierdo. Setién nos obsequió con ambos ocupando los carriles en la vuelta de dieciseisavos de Europa League ante el Rennes. El resultado fue el obvio: fracaso y eliminados. Es lo previsible cuando pones a dos jugadores que no son unos quinceañeros precisamente en una posición en la que jamás han jugado, para enfrentar a dos puñales de físico imponente como con los que contaba el Rennes en aquella noche de infausto recuerdo.

– Cambios tardísimo. Especialmente hiriente y atentatorio contra la lógica futbolística fue el día de la vuelta de las semifinales de Copa del Rey en Mestalla. El equipo ché se puso por delante en el marcador en el minuto 55 de partido. El Betis necesitaba entonces dos goles en el estadio valencianista para acceder a la final ¿Cuál fue el plan de Setién? Pues no cambiar de plan. Toque, toque y toque en zona insustancial del terreno de juego. No tuvo el Betis una ocasión de gol prácticamente hasta el minuto 86. No metió a Tello (el jugador bético más desequilibrante y con mayor capacidad de sorprender a las zagas rivales) hasta el 80.  Lógicamente no es ningún fracaso caer en Copa en semifinales, pero lo decepcionante e inentendible es jugar así y tirar la eliminatoria de esta manera, por no mencionar el partido de ida, en que con un 2-0 a favor, Setién no hizo nada para amarrar un resultado que te ponía pie y medio en la final, a disputar en casa además. Una final a la que se habría llegado sin ganarle en noventa minutos a ningún equipo de Primera.

– Defenestración de jugadores muy aprovechables. Es el caso de Javi García, Barragán y Sergio León ¿Por qué no probar a Javi García alguna vez en la medular escoltando a Carvalho dando más libertad al luso en ataque? O al propio Kaptoum. En fin, variantes tácticas se llama eso. Setién no quiere ni oír hablar de ello.

– El Betis es el equipo de Primera División y de las grandes ligas europeas que menos tira a puerta. Esto resume muy bien lo que es el Betis de Setién. Un conjunto sin profundidad, abocado a un toque carente de peligro para las zagas rivales. Como muestra un botón: en Vallecas no se tiró a puerta hasta el minuto 81, si no recuerdo mal. Bagaje ridículo para un equipo que cuenta con jugadores de gran talla ofensiva y que habla muy mal del tipo de juego que propone su entrenador.

Se me hace inentendible y digno de estudio ese halo de juego de fútbol total que envuelve la filosofía de Setién entre una parte bastante generalizada del aficionado al fútbol y prensa de España. Quien tal cosa afirme, se nota que no tiene que sufrirlo y que pocos o ningún partido del Real Betis Balompié con Setién habrá visto, especialmente esta temporada. No se puede decir que Setién sea ofensivo ni defensivo (de inofensivo calificaría yo el estilo de Setién, más bien), ya que el conjunto ataca y defiende mal. Decir que este Betis juega bien al fútbol por haber visto cuatro resúmenes tras ganar con una manita en el estadio del eterno rival, o en el Camp Nou y el Bernabéu; es propio de un tipo de aficionado frívolo que es fiel reflejo de este tiempo de periodismo deportivo basura. Es hacer de la anécdota categoría.

Todo lo expuesto, en mi opinión, son argumentos netamente futbolísticos para considerar que estamos ante un entrenador caduco, de ideas innegociables, incapaz de adaptarse a nada que se salga de su quimérico ideario balompédico. Ineficaz. Un lastre para cualquier equipo con mínimas aspiraciones. Y todo eso hay que aderezarlo con una actitud arrogante y displicente hacia la afición (cuando no insultante; recuérdese cuando se volvió en un partido en casa hacia la grada para mandar al respetable a tomar por c… literalmente). Esa actitud que le lleva a que la palabra autocrítica no aparezca en su diccionario. Las excusas son variopintas. La última, en rueda de prensa tras el partido en Vallecas, fue la humedad y el horario. Cuando se perdió contra el Villarreal fue el presupuesto (excusa además falaz, ya que el Betis cuenta este año con nueve millones más de presupuesto que el conjunto castellonense), excusa que ya no saca a relucir cuando se hace el ridículo ante el Valladolid, Levante, Getafe o Leganés (contra cuyo entrenador y filosofía de juego cargó grosera y duramente en unas declaraciones en rueda de prensa que fueron una muestra deplorable de mal gusto, mal compañero y soberbia).

La pelota está en el tejado del presidente, Ángel Haro, y del director técnico, Serra Ferrer. Ellos son los únicos que tienen la potestad de librar al sevillanísimo equipo de las trece barras del corsé futbolístico que representa este entrenador con aura de filósofo que cree que ha inventado el fútbol.