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El cazador cazado

José Ángel Iribar caminaba hacia el punto de penalti pensativo. Empezaron a jugar el sábado y ya era domingo. El partido se puso de cara con el gol de Carlos, pero López empató y tuvieron que disputar la prórroga. En ella, otro gol de Dani adelantó a su equipo hasta que, de nuevo, López igualaba el marcador para llevar a los dos equipos a los lanzamientos desde el punto fatídico.

Habían transcurrido cuatro años desde la última conquista bilbaína, también una Copa del Rey como la que ahora peleaban contra el Betis. Los lanzadores comenzaron con excelsa puntería, anotando los ocho primeros tiros. García Soriano, Del Pozo, López y Biosca por parte bética y Guisasola, Churruca, Escalza e Irureta por los leones de San Mamés.

Pero el destino, siempre caprichoso, señaló con el dedo a los especialistas de ambos equipos (Julio Cardeñosa y Daniel Ruiz Bazán) para que desperdiciaran su turno, errando sus penaltis.

El Chopo se agachó y colocó el balón. Tras los dos fallos anteriores, Sabaté y Amorrortu volvieron a establecer las tablas antes de dos nuevos errores, de Alabanda y Villar. Luego llegaron otros cinco aciertos. Tres por parte de los del sur (Esnaola, Eulate y Bizcocho) y dos para la escuadra del norte (Alesanco y Rojo). Le tocaba, por tanto, tirar a Iribar para empatar de nuevo y seguir luchando por ganar la que sería la Copa número 23 para el equipo más laureado de esa competición hasta entonces.

Para impedir esa victoria, bajo los palos se colocaba José Ramón Esnaola. Su equipo, el Betis, solo adornaba su palmarés con una Liga en Primera División en la ya lejana temporada 1934-35.

Sería, pues, todo un éxito para los verdiblancos conquistar el trofeo, aunque los vascos partían como indiscutibles favoritos, habiendo incluso disputado, días antes, la final de la copa de la UEFA. ante una poderosa Juventus de Turín que contaba en sus filas con estrellas como Zoff, Causio o Bettega. Era, por tanto, un equipo muy fuerte aquel Athletic.

Esnaola, traspaso más caro en la historia del Betis (12 millones de pesetas) en aquellos momentos, había completado un buen encuentro. Incluso transformó su lanzamiento cuando le tocó el turno. Precisamente, tras dicho disparo, se cruzó con Iribar y le pidió disculpas por el gol. El respeto por la que sería, si no lo era ya, una leyenda en el fútbol español, era máximo.

Ambos guardametas habían coincidido unas temporadas atrás luchando por la titularidad de la portería de la selección española. Una lucha en la que el Chopo se erigió como vencedor. A pesar de ello, José Ramón no ocultaba la gran admiración que sentía por aquella figura vestida completamente de negro que, en ese momento, estaba frente a él.

José Ángel Iribar avanzó hacia el esférico. En un último intento por convertirse en delantero, antes de llegar al balón, se inventó una paradiña y lanzó a la izquierda del guardameta bético. José Ramón Esnaola le perdió, solo por ese instante, totalmente el respeto y se estiró para atajar el balón y evitar el gol, otorgando, de esa manera, el título de Copa al Real Betis.

No sería, ni mucho menos, la última que ganarían los de Heliópolis. Pero sí que fue la primera, ganada, además, con bastante sufrimiento.

Por todo ello, aquel día, ya 26 de junio de 1977, Esnaola consiguió entrar en la historia del Betis y del fútbol español.

Iribar y Esnaola
Iribar y Esnaola (fuente: elindependiente.com)