Desafección

Si hay una palabra que refleja el sentimiento que muchos españoles tenemos por nuestra selección en esta Eurocopa, ésa es desafección. Dícese de la circunstancia de no sentir afecto o estima por algo. Un término que suele aplicarse en la actualidad al ámbito político cuando la población no se siente representada por sus cargos públicos. Y aunque en este caso nosotros no elijamos a los integrantes del combinado nacional, la roja es el equipo que a todos nos representa. O al menos, nos debiera representar.

De ahí que la ilusión en la que tendríamos que estar sumidos ante una cita importante como es una Euro que se ha hecho esperar más de lo esperado, se haya tornado en desánimo en el mejor de los casos. En el peor en una sensación de rechazo a lo que Luis Enrique y los suyos están ofreciendo sobre el césped. El resultado de un cúmulo de situaciones, desde mi opinión, mal gestionadas que empezaron en la previa del torneo y que paso a desgranar.

La lista de la discordia

Aunque, como ya explicitara una vez Iñaki Sáez y sea un hecho irrefutable, en España existan cuarenta millones de seleccionadores, nadie puede negar que la convocatoria no ha agradado por completo a nadie. Muchos ya se han empeñado en destacar las ausencias, así como en criticar algunas presencias, por lo que no vamos a detenernos en este punto. Pero sí en una tónica, la preeminencia de jugadores procedentes de la Premier League.

Robert Sánchez Brighton
El «desconocido» Robert Sánchez. (Fuente: goal.com)

El aficionado español, en su inmensa mayoría, no sigue con asiduidad la competición británica, a veces le es difícil incluso hacer lo propio con la patria. Por ello, suele ofrecer reticencias cuando no conoce a los elegidos, el caso más paradigmático es el de Robert Sánchez. Un hecho que se magnifica si muchos de ellos no son titulares en sus equipos y aún así son preferidos a jugadores de nuestra Liga. No hay que olvidar que los seleccionados, en mayor o menor medida, también representan a sus clubes y el corazón del aficionado late por unos colores.

Una transición abrupta

Nadie duda que la roja está en proceso de transición. Los últimos retazos de la generación dorada empiezan a escasear y es necesario una regeneración con savia nueva. El problema es que nuestro país no suele ser muy ducho a la hora de realizar este tipo de relevos y esto puede generar el rechazo de una afición que idolatra a sus tótems. Por ello, no se puede permitir, sobre todo contando con cupos tan amplios en esta ocasión (se podían llevar 26 jugadores), que los grandes símbolos de nuestra selección salgan por la puerta de atrás.

Pasó con Raúl, con Casillas y ahora está sucediendo con todo un capitán como Sergio Ramos. Se entiende que jugadores que pasan de la treintena, y más en una temporada tan exigente como la pasada, no partan con la misma importancia en el juego que años atrás. Sin embargo, su experiencia podría haber sido un valor añadido en la conformación del grupo y en el aprendizaje de los jóvenes. No sólo hablamos del camero, sino también de Navas, Canales o Aspas, que parecen no encajar en la idea de Luis Enrique.

Falta de humildad

En un país como España, la predisposición a la crítica por parte del compatriota es notoria. Somos un territorio cainita, incluso egoísta en algunos casos, y nos creemos conocedores de todo lo que se mueve. Por ello, hay que ser muy cuidadoso con el discurso que queremos transmitir, ya que, desafortunadamente, es muy fácil caer en desgracia. Y claro, la prepotencia de la que hace gala nuestro seleccionador no creo que sea la mejor manera de evitar este mal endémico patrio.

Luis Enrique rueda de prensa selección
Luis Enrique en rueda de prensa. (Fuente: eurosport.es)

De hecho, la mejor y única postura que puede llegar a funcionar ante un auditorio tan difícil es la de la humildad, esa cualidad en peligro de extinción. Un posicionamiento que choca con la falta de autocrítica con la que Luis Enrique se ha desenvuelto en ruedas de prensa, achacando el mal juego al estado del césped, por ejemplo. O con las declaraciones ofrecidas por Morata, desde mi punto de vista torpes, tras recibir pitos por el bajo nivel mostrado en los dos primeros encuentros. Una disculpa y usarlos como acicate sería mucho mejor en su caso.

Nada mejora en el verde

Si todas las circunstancias extradeportivas contrastaran con una buena versión de la roja en el campo, todo lo visto anteriormente se diluiría como un azucarillo. Pero así de injusto (o no) es el fútbol. Al menos, si se hubiese logrado una cierta efectividad ante el gol, que lo es todo en este deporte, aun sin brillo, la película también sería distinta. El problema es que hemos pasado de jugar bien pero no materializarlo en goles a ni siquiera desplegar un buen juego sobre el césped.

Pecamos en exceso de posesión. De hecho, somos la selección con mayor porcentaje de largo, un inane 72% que se ha traducido en un único gol. Porque con sólo diez disparos a puerta es difícil lograr mejores cifras. Mucho pase horizontal y poca verticalidad están siendo las constantes de un juego que tampoco encuentra brillantez en las bandas. La roja se empeña en distribuir por el interior ante selecciones replegadas, una misión imposible, que, mucho me temo, se repetirá esta tarde. Y ojo cuando la necesidad apriete y lleguen las prisas…

En definitiva, el análisis no invita al optimismo y mucho menos las comparaciones con otros combinados de nuestro nivel como Bélgica, Italia o Inglaterra, mucho más atractivos en juego y efectivos de cara al gol. No obstante, habrá que realizar un ejercicio de fe y animar al que nunca dejará de ser nuestro equipo, el de todos. ¡Vamos España!