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De leones y zorros

roger milla camerun

En todos los campeonatos, además de defender los colores de nuestro equipo, por supuesto, siempre aparece alguna otra escuadra que se gana la simpatía de varios aficionados, ya sea por su forma de jugar o por el carácter afable de sus componentes. Pasó en el Mundial 82 con algunas selecciones. Yo iba con Brasil, que me encandiló con la alegría de su fútbol.

Pero en ese torneo hubo otra selección que, a pesar de caer eliminada en la fase de grupos, hizo honor a su apodo y no consintió que nadie domase a aquellos leones que debutaban en un campeonato del mundo vistiendo una llamativa equipación de camiseta verde y pantalón rojo. Camerún empató sus tres partidos y se ganó el cariño de miles de aficionados.

Ocho años más tarde, la selección africana volvía a un Mundial y le tocaba, además, inaugurar el campeonato en el partido que le enfrentaba a la vigente campeona, una selección argentina encabezada por el mejor jugador del planeta. Camerún, entrenada por un seleccionador ruso de apellido impronunciable (Valery Nepomnyashchy), se plantó en el césped con un sistema claramente defensivo (5-3-2), donde sus atacantes eran Oman Biyik y Cyrille Makanaky, con el veterano Roger Milla esperando su turno en el banquillo. Y la sorpresa saltó cuando Oman Biyik cazó un balón y lo introdujo en la meta de Argentina para conseguir la victoria. Una vez más, David vencía a Goliat.

Oman Biyik celebra su gol contra Argentina ante la mirada de José Basualdo (fuente: elgrafico)

En el segundo encuentro, ante Rumanía, Milla volvió a comenzar como suplente hasta que el entrenador reclamó sus servicios. El viejo león no defraudó y asestó dos zarpazos para ganar el partido por 2-1. Para cerrar la fase de grupos, Camerún se enfrentaba a la Unión Soviética y su entrenador cambió el esquema para colocar un 4-4-2. Sin embargo, el nuevo sistema no funcionó y los africanos salieron vapuleados por 0-4. A pesar de eso, los leones indomables pasaron a octavos de final como primeros de grupo. En esa ronda esperaba un duro rival, la Colombia de Higuita, Valderrama y Rincón. 

Una vez más, el ataque africano estaba formado por la dupla Biyik – Makanaky, con Milla en el banquillo. Sin alarmarse por la estrepitosa derrota del partido anterior, el entrenador ruso repitió el mismo sistema. Tras un competido duelo, el encuentro acabó con empate sin goles y llegó a la prórroga. Roger Milla entró al campo y en dicho tiempo extra, se inventó una jugada para poner en ventaja a su equipo. Más tarde, el delantero aprovechó una excentricidad de Higuita para hacer doblete y llevar a su equipo hasta los cuartos de final. El rival, en esta ocasión, era la poderosa escuadra inglesa, con su goleador, Lineker, a la cabeza.

Como ocurriese ocho años atrás, los cameruneses se habían convertido en el equipo favorito de infinidad de aficionados. Valery, fiel a sus ideas, volvió a dejar en el banquillo a su león más longevo.

David Platt adelantó a los británicos con un tanto desde el punto fatídico a los 25 minutos. En la segunda mitad, ya con Milla en el campo, Kundé, también de penalti, empató el partido en el minuto 61. Y cuatro minutos más tarde, el indomable Roger asistió a Ekeké para que Camerún se adelantase en el marcador. Parecía, por tanto, que el león iba a ganar la batalla.

Pero no contaba con la insaciable voracidad de un avispado zorro, encarnado en la piel de Gary Lineker, que anotó un nuevo penalti, en el minuto 83 para rematar, también desde los nueve metros, en la prórroga, a los 105 minutos, a una selección de Camerún que se quedó a las puertas de hacer historia, alcanzando la semifinal.

Quién sí continuó dando letales zarpazos fue Roger Milla, que en USA 94, con 42 años, se convirtió en el goleador más veterano de la historia de las fases finales de los mundiales. Pero aquella tarde en Nápoles, el león africano acabó postrado ante el zorro inglés.

El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Por lo tanto, se debe ser un zorro para reconocer trampas y un león para asustar a los lobos”.

Nicolás Maquiavelo