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Cuatro bodas (fallidas) y un funeral

Lo siento mucho. No volverá a ocurrir. Durante mucho tiempo, milité en la religión del Guardiolismo/Xavihernandismo… pero ya no lo soporto más. Me siento abochornado por mi debilidad, por haberme dejado engañar como a un novato. Pero no tiene vuelta atrás. Lo hecho, hecho queda. Lo dicho, dicho queda. Lo escrito, escrito queda. No puedo borrar mi pasado, ni siquiera justificarlo.

Fui fan de Guardiola y Xavi Hernández como un culé mas (sin serlo), sobre todo en la época -era más fácil, claro- de Mourinho en el Real Madrid. Pep me parecía un soplo de aire fresco, un tipo que hacía justicia al mundo del fútbol. Cuando sus detractores le acusaban de «mear colonia», yo me (le) defendía como gato panza arriba. Decidió dejar el Barcelona, y lo entendí. Esa batalla contra el de Setúbal le sobrecargó con diez o quince años más, le envejeció como si se hubiera asomado al cuadro de Dorian Gray. Fichó por el Bayern Munich. Luego por el Manchester City. Su caché, aunque Pep siempre va de guay, se lo permitía. Y sus declaraciones y sus poses cada vez me parecían más falsas, más hipócritas, más censurables. Hay que reconocerlo, Guardiola está ya insufrible, insoportable… Y no, no es por el pestoso asunto del lazo amarillo o su apoyo firme a la causa catalanista. No. Je m’explique…

(Fuente: kicker.de)

No soy yo quien está precisamente satisfecho por la prisión preventiva de Junqueras, Sánchez, Forn y Cuixart, con la que está cayendo en este país. Con franqueza, no me parece de recibo. Pero tampoco me parece de recibo oír la cantilena aburrida, soporífera y reiterativa del lazo amarillo y los presos políticos («los chicos», como los llama jovialmente Pep). Aunque este blog sea de fútbol, no soy yo quien ha decidido aprovechar los micrófonos, focos y cámaras que adoran y persiguen a Pep para poner sobre la mesa el tema político. Y me parece muy bien, oye. Siempre he echado en falta la (casi) ausencia de compromiso político (público) de los deportistas en general, y de los futbolistas en particular. Pero cuando decides echarte a la calle, al menos, no mientas ni digas barbaridades.

Oyes a Pep y parece que aquellos que vivimos en España lo hacemos bajo el amparo de un régimen bananero (cierto es que, a veces, se le da un airecillo…), pero yo sigo sintiendo que esto es una democracia y que no iré a la cárcel por mis opiniones políticas, si no por los delitos que (quizá en su nombre), pueda cometer. Cuando oigo al apóstol Guardiola «homiliar» desde su púlpito, me siento triste, porque sé que hay mucha gente que le cree a pies juntillas, pero yo siento que me trata como si fuera idiota. Intento no comulgar con sus ruedas, y cada vez me es más fácil. No puedo entender el bochornoso espectáculo que protagonizó hace algunas semanas en el túnel de vestuarios, y luego negar aquello que las imágenes evidencian… No puedo entender esa frase golosa de «no poder gastarse decenas de millones de libras en un jugador» mientras se estaba cerrando la operación de Laporte por 65 kilos de nada. Pep, no puedes estar tan pagado de tí mismo. Pero el caso es que lo estás. No nos dará el destino la oportunidad de verte entrenar a un equipo como el Leganés, el Girona o el Getafe (con el debido respeto que me merecen estos clubes, que mucho y muy grande).

Otro matrimonio del que reniego es el que mantuve con Xavi Hernández durante mucho tiempo. Su voz me parecía la musicalidad del logopeda en un circo de tartamudos. No se mordía la lengua, sus análisis eran bastante certeros. Pero conforme han ido pasando los años y se ha hecho mayor, sobre todo desde su exilio dorado en Qatar, creo que la obsesión que tanto tiempo ha criticado se le ha comido hasta los pies. Xavi  se ha convertido en un talibán del fútbol y oírle (o leerle) es cada vez más insoportable. Su última meada fuera del tiesto (porque dentro ya está todo seco) fue a raíz de la victoria (inmerecida, según él), del Real Madrid frente al PSG en el partido de ida de octavos de final de la Champions. Como no vi el partido, no entro a enjuiciar la justicia del resultado. «El futbol es asín», ya saben que esa es una de mis máximas. Pero me llamó la atención mucho el dogma de fe que dejó caer: «Cuando el Barça juega bien, gana; cuando juega regular, empata; y cuando juega mal, pierde. Si el Barça hubiera jugado contra el PSG como jugó el Madrid, habría perdido».  Justo esa semana, el Barcelona firmó un partido infame (y no ha sido el único de este año) en Éibar, donde se llevó los tres puntos de manera inmerecida (0-2). Dogma.

Xavi Hernández, su nivel condiciona el de todo el equipo.
(Fuente: elpais.com)

La obsesión de Xavi por el Real Madrid empieza a recordarme la de su alter ego madridista en los banquillos, José Mourinho. ¿El Madrid? Malo, caca… ¿El Barça? La perfección, la esencia, el FÚTBOL Mucho mejor que yo se explicó Manuel Jabois en este excelente artículo de «El País». Quién tuviera su pluma y talento… De corazón te lo pido, Xavi, cállate un rato y haz algo (serio) por el fútbol en Qatar. Me entristece ver como uno de los mejores futbolistas que jamás haya dado el fútbol español languidece intelectualmente en un país de la catadura (y nunca mejor dicho, je, je, je) democrática de aquel en el que vive, mientras desde allí nos da lecciones a todos de ética, nos habla de la Luz y de la verdad ÚNICA sobre la vida, el fútbol, la política, la petanca, el Madrid (of course) y lo que sea menester. Mucha pena.

Otro matrimonio que se tambalea es el del Athletic con el fútbol (como deporte, como estilo de vida…). Yo amaré de por vida a este club, pero el devenir competitivo de este año no se puede entender. Con anterioridad a la salida del club de Aymeric Laporte, los leones ya llevaban varios meses pareciéndose a gatitos recién nacidos: sin mordiente, sin garra, sin entusiasmo, sin orgullo. Hablamos de una plantilla cuyo cambio principal de la temporada 2016-17 a la 17-18 ha sido cambiar a la hormiga (txingurri) por el cuco (kuko), lo que evidencia que el papel del entrenador es mucho más importante de lo que pensamos todos aquellos que llevamos un «coach» en nuestro interior.

Tuve la inmensa desgracia de asistir en vivo y directo al partido de Copa del Rey Athletic-Formentera. Cualquier parecido con la historia es mera casualidad. Jugadores con ataques de ansiedad compulsivos cada cinco minutos, un entrenador que después de tantos años en la casa y de tener en el primer equipo a varios jugador que han pasado por sus manos, todavía no sabe cual es la tecla que tiene que tocar… No juega en corto, no juega en largo, no presiona, no defiende, no ataca, no vive la camiseta, se desconecta con una facilidad pasmosa… No es mi Athletic. Ni el de nadie. Y mientras tanto, Urrutia, que parece haberse comido a sí mismo, ve la vida pasar de batzoki en batzoki… Con descensos baratos como el de este año, no parece que debamos temer por el futuro del club, pero necesitamos a alguien con un plan. El que sea. Pero un plan.

Unai Emery
(Fuente: abc.es)

El cuarto divorcio al que le quedan (en el momento de escribir estas líneas) apenas setenta y dos horas para que cristalice es el de ese técnico superado por los acontecimientos que responde al nombre Unai Emery, al que de no mediar un milagro, le queda un telediario en el PSG. Cuando tu equipo deja escapar un partido como el del Bernabéu hace unas semanas, y todo lo que se te ocurre es hablar, como no, del árbitro, es que las cosas no van bien. Lo más divertido es que las jugadas de las que se quejó el bueno de Unai (y fueron unas cuantas), según él mismo, eran jugadas dudosas… Es decir, si son dudosas, puedes entender que el árbitro se equivocara. Pero no, todos los errores se cometieron en la misma dirección… ¿No hemos visto esta película ya? No hablamos de un penalti ocho metros fuera del área, un balón que no entra por metro y medio, un fuera de juego cuando sales corriendo desde tu propio campo o un agarrón si eres el último defensa. Él mismo habló, quiero insistir,  de jugadas dudosas. Incluso se permitió el lujo de decir «El árbitro no ha ayudado» (¿debía ayudar?). Y hasta ahí llegó su análisis. No cabe esperar mucho más.

La gran baza que tenían los parisinos para doblegar al Real Madrid se llama Neymar y ha caído lesionado. Ojo, esto es fútbol, y a pesar de la ausencia del carioca, el PSG tiene un equipo suficientemente competitivo como para dar un susto al Real Madrid la próxima semana. Pero me da a mi que no va a ser así… En el mejor de los casos -que el PSG pase de ronda, pero que se olvide de ganar la Champions y lo llevo diciendo mucho antes de que Neymar se lesionara-, Nasser Al-Khelaïfi aguantará a Unai hasta el final de temporada. Si los parisinos asisten este martes a la eliminación de su equipo, con la «potentísima» Liga francesa virtualmente sentenciada -¿a donde creías irte, Ney?-, veo a Emery sellando su tarjeta del paro más pronto que tarde. En mi modesto caso, corroborando lo que escribí antes -y mucho antes- del partido de ida, que quede claro: no doy opción alguna al PSG este martes. Au revoir, Unai. A ver si no me tengo que retractar… :-)

Presentación Neymar PSG
(Fuente: lequipe.fr)

El funeral, no por sabido me entristece menos, es el de la prensa (¿deportiva?). Cuando venía para casa en el coche, y daba vueltas al artículo que debía escribir, iba escuchando la retransmisión del partido Sevilla-Athletic en la Cadena Cope. Dicha cadena tiene en su plantilla a algunos de los mejores representantes del mal que ha llevado al periodismo (¿deportivo?) al desastre intelectual y profesional que vive hoy en día. Alguno de sus profesionales canta el himno del equipo local cuando le viene en gana con el micrófono abierto, y en Sevilla, concretamente, tienen a un tipo que se llama Víctor Fernández (cuya sección de audios en la web de Cope lleva por título «Todo está mal», con eso está presentado el personaje), que hoy se ha soltado una perla como esta: «Cuando un jugador juega mal es malo y cuando juega bien es bueno». Desconozco si segundos después de la aseveración se ha fumado un puro. Es, en cualquier caso, llamativo que sea el hincha (Prieto, en este caso) el que intente hacerle entrar en razón y sea el periodista el que insiste en la calidad del «Mudo» Vázquez, jugador al que ha denigrado en reiteradas ocasiones desde su llegada al Sevilla en 2016. O que siga refiriéndose a Berizzo con un desprecio y falta de respeto incomprensible. Vamos a ver los títulos que gana este año el Sevilla de Montella -técnico cuya calidad varía si el resultado es 2-5 en casa contra el Atleti, 5-1 fuera contra el Éibar o el 2-0 que han firmado los hispalenses hace escasos minutos-.

Recientemente, he iniciado una aventura profesional en mi vida que ha llevado consigo la aparición de mi nombre (y también mi excelsa figura) en la presa local toledana. Por alguna razón que escapa a mi conocimiento, casi siempre que se hace referencia mí, se destaca mi profesión (de carrera): periodista. Y muchos se acercan a hablar conmigo con esa excusa. Y cuando les suelto mi mitin de que el periodismo está muerto y tal y cual y que nadie tiene cojones para resucitarlo, me miran con ojos entristecidos y se marchan, pensando «otro que nos ha dejado de lado…». Y es verdad.