El invitado sorpresa

“La esperanza es lo último que se pierde”. 

Desde casi todos los rincones de Sudamérica, esta frase sirvió como arenga para el pistoletazo de salida a la 35ª edición de la Copa Libertadores.

Ese verano de 1994, Brasil había conquistado su cuarto campeonato del mundo y el fútbol carioca atravesaba una época gloriosa. Por si fuera poco, opositaba con fuerza a la conquista del mayor trofeo de América a nivel de clubs. Boca Juniors, Vélez Sarsfield, Junior de Barranquilla, Alianza de Lima, Cerro Porteño o Nacional de Montevideo, entre otros, soñaban con realizar un buen campeonato en el que partían como máximos favoritos dos equipazos. Un verdadero elenco de estrellas.

El São Paulo no ocultó sus cartas y apostó fuerte desde el primer momento.

Rogerio Ceni, Edmilson, Junior Baiano, Alemao, André Luiz, Denilson, Juninho Paulista, Palhinha, Euller, Cafú o Muller. —Ahora vas y lo superas —Dijo, altanero, Telé Santana.Vanderlei Luxemburgo no se arrugó, ni mucho menos. También disponía de un poderoso armamento que vestía los colores del Palmeiras.

Cleber, Roberto Carlos, César Sampaio, Flavio Conceiçao, Mazinho, Freddy Rincón, Zinho, Edmundo, Rivaldo y Evair.

La batalla estaba servida y eran dos poderoso ejércitos.

En octavos de final, los dos favoritos de Brasil se enfrentaron y el duelo fratricida se resolvió a favor de Sao Paulo.

—¡Mira qué bien! Ya no parece que llueva tanto.

Eso pensaron los equipos que seguían en la competición, sobre todo, los argentinos.

Carlos Bianchi preparaba sus tácticas para combatir a los virtuosos brasileños. 

Roberto Trotta celebra gol Vélez final Copa Libertadores 1994
Roberto Trotta celebra gol en la final de la Copa Libertadores 1994 (fuente: twitter)

La casa se empieza a construir por los cimientos, y así elaboró el virrey a su equipo. Chilavert, Pellegrino y Trotta fueron las torres de la escuadra argentina, reforzada también con guerreros como Basualdo, Pompei, Asad, Martín Posse o el Turu Flores.

El torneo avanzó hasta semifinales, donde quedaron emparejados São Paulo Y Olimpia de Asunción, por un lado, y Junior de Barranquilla contra Vélez Sarsfield por el otro.

Ambos enfrentamientos tuvieron que resolverse desde el punto del máximo castigo en el fútbol. 

Vélez ganó su duelo con Trotta como primer lanzador en los tiros finales. Por su parte, Palhinha también ejerció el mismo papel en São Paulo para que su equipo eliminase a los paraguayos de Olimpia. La final estaba preparada.

Un gol de Omar Asad en la ida y otro de Muller en el partido de vuelta hacían que el ganador  se decidiera desde los once metros. De nuevo, los especialistas de ambos equipos se dispusieron a hacer su trabajo.

Roberto Trotta le pegó al balón con toda su alma para poner a Vélez en ventaja. Era el turno de São Paulo y Palhinha.

El brasileño quiso mandar el esférico junto al palo, pero no contó con la astucia de Chilavert, que dejó el disfraz de goleador  para colocarse el de guardameta y detuvo el tiro del brasileño.

Así fue como un trofeo que todos pronosticaban que iba a viajar a Brasil acabó en las vitrinas del club que jugaba en el estadio José Amalfitani.

Así fue como un invitado inesperado se hizo anfitrión de la fiesta más prestigiosa del fútbol americano.