Champions de verano

La primera vez que asistí a un campo de fútbol fue en 1982. Bajo la ilustre presidencia del majestuoso peñón de Gibraltar, tuve el privilegio de ver en acción al equipo de moda entonces en Inglaterra, el Nottingham Forest, bicampeón de Europa (el único club europeo que posee más Copas de Europa que ligas nacionales).

Su rival era el histórico Athletic de Bilbao, es decir, un duelo propio de alguna competición europea. La otra semifinal enfrentaba a la Vojvodina de Novi Sad con el Real Madrid, finalista de la Copa de Europa una temporada antes. Un cartel, por lo tanto, espectacular, el que presentaba aquel mes de agosto el trofeo Ciudad de La Línea.

Entrada trofeo  de verano Ciudad de la Línea 1982
(Fuente: lalineaenblancoynegro.blogspot.com)

Difícil elegir uno

Hay que tener en cuenta la dura competencia que existía en verano para ofrecer el mejor fútbol entre torneos de renombre como el Trofeo Naranja, Costa del Sol, Colombino, Joan Gamper, Ciudad de Vigo, Villa de Madrid o Santiago Bernabeu, entre otros.

Fuera de esta lista he dejado aposta a los dos grandes por excelencia del balompié estival.

En 1959, el estadio de Riazor inauguró el Trofeo Teresa Herrera con un duelo entre Pelé y Garrincha. A partir de entonces, los veranos de La Coruña vieron desfilar a equipos como el Dinamo de Kiev, Bayern Munich, Manchester United, Liverpool, Ajax, Boca Juniors o Milan, por poner solo algunos ejemplos de escuadras de tronío. Eso sin incluir a todos los grandes de la liga española.

Mi debut en el trofeo de los trofeos fue mucho más tardío. En 1994 decidí ignorar a la playa para ver un duelo por el tercer puesto entre el Real Madrid y el Nápoles. El torneo gaditano es cuatro años más antiguo que el disputado junto a la Torre de Hércules. La capital del Carnaval sigue fiel a su cita veraniega con la originalidad por bandera, ya que este año, por primera vez en su historia, se ha disputado con equipos femeninos.

(Fuente: laopinioncoruna.es)

Sin embargo, a pesar de la cantidad y la calidad de tan magníficas escuadras, los verdaderos animadores de estas particulares competiciones siempre fueron los equipos brasileños, que además aprovechaban la oportunidad para poner en el escaparate a sus jugadores, por lo que no era extraño que a su vuelta a Brasil, llegaran con algunos efectivos menos (Pereira, Leivinha o Donato fueron claros ejemplos). Flamengo, Palmeiras, Gremio, Atlético Mineiro, Vasco de Gama, Corinthians o Sao Paulo fueron los verdaderos pioneros al introducir en nuestro país el auténtico jogo bonito.

En plena pretemporada, aquellos partidos servían como presentación de efectivos para las competiciones venideras, alejándose bastante del desfile de suplentes que se produce en la actualidad.

Incluso, no hace mucho tiempo, la conquista de estos torneos se incluía, de manera destacada, en el palmarés de cualquier equipo.

Por otra parte, es comprensible que hoy se acepten ofertas millonarias para disputar encuentros en países con poca tradición futbolística como Estados Unidos, China o Qatar, ya que es la mejor manera de equilibrar el presupuesto, aunque eso suponga aniquilar, de alguna manera, el encanto del deporte rey.

La pela es la pela, aunque eso suponga situaciones tan esperpénticas como la disputa de un torneo supuestamente veraniego en el mes de diciembre.

Particularmente, sigo añorando aquellos tiempos en los que, hasta que no se levantaba el último trofeo de verano, no se declaraba oficialmente el inicio de la nueva temporada futbolística.

Todo evoluciona, y el fútbol no podía quedarse atrás, pero espero que no se acabe jamás la incertidumbre de conocer qué equipos disputarán el siguiente verano el Trofeo Ramón de Carranza.

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