África esquivando la gloria

Los recientes artículos publicados en nuestra página que versaban sobre Frederic Kanouté y sobre el Mundial de Estados Unidos de 1994, me dieron la idea de investigar para recordar la mejor actuación de un jugador africano en las fases finales más recientes de los Mundiales.

El camerunés Roger Milla se viene a la mente de modo inmediato. Él tiene el hito de marcar cuatro goles en el Mundial de Italia, teniendo la friolera de 38 años y entrando en las segundas partes de los partidos. Difícil de olvidar para un niño como yo, con 11 años en aquellos tiempos. Pero suyo es el récord de marcar un gol en un Mundial con más edad. Fue convocado para el Mundial de Estados Unidos y, uno de los pocos detalles que dejó sin contar nuestro compañero, Juan Ariza, es que Roger Milla se convirtió en el jugador más veterano en marcar en un Mundial cuando anotó, con 42 años, ante Rusia.

Roger Milla celebra gol ante Rusia Mundial de Estados Unidos en 1994
Roger Milla celebra un gol de récord (fuente: cnnespanol.cnn.com)

Pero de ahí salté a una nueva reflexión ¿Por qué les cuesta tanto a las selecciones africanas triunfar, de verdad, en los Mundiales de fútbol? Y me vino a la cabeza una selección que, para mí, estaba llamada a mejores gestas. Y la recordé por razones obvias. La Nigeria de 1998.

Sí, esa que dejó en evidencia a nuestro histórico Andoni Zubizarreta en la derrota que inició la eliminación de España en el Mundial de Francia y que escribió las primeras líneas del fin de Javier Clemente al frente del combinado nacional. Volviendo a las águilas verdes, piensen en una plantilla en la que coincidían Rufai, Babayaro, Taribo West, Finidi George, Mutiu, Jay-Jay Okocha, Babangida, Victor Ikpeba o Sunday Oliseh. Muchos jugadores de alto nivel.

Pues a pesar de ese buen equipo, de quedar primeros en un grupo con España, a la que dominaron y ganaron, Paraguay o una Bulgaria que había conocido un pasado mucho mejor en el Mundial de Estados Unidos, no pasaron de octavos, en los que la Dinamarca de los hermanos Laudrup los vapulearon, 1 a 4.

Y cuesta entender cuáles son las razones objetivas de los descalabros continuados que sufren estas selecciones prometedoras, llenas de físico y de talento, pero vacías de victorias. Desde los tiempos de Roger Milla en el Mundial de Italia son varias las selecciones africanas que han decepcionado. Nigeria ya tenía una buena selección en 1994 pero su resultado fue el mismo, octavos de final, fase en la que cayeron, ya, como último representante africano en Estados Unidos. En Francia, cuatro años más tarde, sucedía exactamente lo mismo, como comentamos con anterioridad. Al continuar el camino que trazan los Campeonatos del Mundo, los recorridos son parecidos, veamos:

Oliseh celebra su gol frente a España en la fase de grupos del Mundial de Francia en 1998
Oliseh celebra su gol ante España en el Mundial de Francia 98 (fuente: fifa.com)

En Corea y Japón, en 2002, tanto la Nigeria de Jay- Jay Okocha, como la Camerún de Samuel Eto’o no pasaron de la fase de grupos. Ambas selecciones me parecen menores a la Nigeria del 98 y sus resultados entran dentro de la lógica. Lógica que se saltó la debutante Senegal, clasificándose para octavos y llegando hasta los cuartos de final, sin estrellas y con Henri Camara como futbolista con más nombre. Año 2002, segunda vez en la historia de los Mundiales en las que un equipo africano alcanza los cuartos de final. La primera fue la Camerún de Milla en 1990.

Todavía en esta época, cuando las mejores selecciones africanas, llevaban años siendo entrenadas por entrenadores de prestigio, se hablaba de una proverbial falta de calidad táctica, de desorden, de caos en las estructuras de las selecciones africanas. En 2006, las cuatro selecciones africanas que participaron en Alemania eran debutantes: Angola, Togo, Les elephants de Costa de Marfil y Senegal. A priori, los costamarfileños eran el mejor equipo, con sus estrellas Didier Drogba y Yaya Touré y una selección compensada donde asoman jugadores famosos para la parroquia sevillista como Zokora, Arouna Koné o Romaric. Pero su potente grupo les impidió progresar y, de nuevo, solo Senegal llegó a octavos de final, en los que Brasil los eliminó.

Tenía que ser 2010 el Mundial de los africanos. Sudáfrica era una sede propicia y el familiar sonido de las vuvuzelas, un infierno para el resto del mundo. Se daban todas las premisas para que al fin África diese un paso al frente. El resultado fue que en la fase de grupos cayeron Sudáfrica, Nigeria, Argelia, Camerún y Costa de Marfil. Casi nada. Solo Ghana se clasificó para octavos, donde eliminó a Estados Unidos, cayendo cruelmente en cuartos frente a Uruguay. Si pueden, revisen la participación de los Essien, Muntari, Gyan, Mensah, Appiah o Kevin Prince Boateng en este Mundial.

Estuvieron muy cerca de la esencia del fútbol. Sus partidos fueron emocionantes y jugados a pecho descubierto. Vertiginosos. Una delicia para el espectador. Tercera vez que un equipo africano llega a los cuartos. Estuvieron a un penalti de las semifinales. Luis Suárez, con una mano en el último minuto, sacrificó su presencia en la siguiente ronda, regalándosela a todo un país, tras el error al convertir de Gyan. Uno de los partidos de los mundiales de todos los tiempos. No me cabe duda.

En Brasil 2014 la representación africana estaba formada por Argelia, Camerún, Costa de Marfil, Ghana y Nigeria, y se produjo un nuevo hito histórico. Argelia y Nigeria se clasificaron para octavos. Por primera vez en la historia, dos selecciones africanas pasaban la fase de grupos. Ambos fueron eliminados en octavos. Pero fíjense en el nivel de las gestas que estamos narrando. Equipos que, ni mucho menos, estaban formados por malos jugadores habían logrado muy poco acercándonos ya a cerca del siglo de historia de los Mundiales.

Gyan no tuvo consuelo tras fallar un penalti en el último minuto frente a Uruguay en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010
Gyan, tras fallar un penalti histórico (fuente: infobae.com)

En el último de los Campeonatos, el de Rusia de 2018, los españoles andábamos de aquella manera con el asunto de Lopetegui y apenas atendimos al fútbol. Fue el Mundial del VAR, única vez que lo he visto aplicado con buen criterio (con sus excepciones) y África estaba representada por Marruecos, Túnez, Egipto, Nigeria y Senegal. Si cuatro años antes habían marcado un éxito con la representación de dos selecciones en octavos, el fútbol africano volvió a fracasar y ninguna de sus selecciones llegó a esa fase en el 2018.

Para 2022, en Catar, tendrán una nueva oportunidad de reivindicarse. El pasado 21 de enero de 2020 se celebró el sorteo en el que se definieron los 10 grupos de 4 selecciones que conforman la segunda fase de clasificación de la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Los primeros de cada grupo se clasificarán para unas eliminatorias cuyos ganadores serán los cinco representantes africanos. Pero, como ya saben, el mundo se ha parado.

Cuando se reanude el camino, cuando volvamos a andar, África seguirá siendo el continente olvidado, ése al que miramos con una especie de condescendencia y temor. Esa misma condescendencia que hace que empaticemos con selecciones que suelen asegurar diversión y vértigo, caos y velocidad. Ese mismo temor que hace que sepamos que algún día ganarán el Mundial. Mientras llega su victoria, los mejores jugadores africanos van ganando sus mundiales vestidos con la zamarra francesa, cosas de un mundo, parado o en movimiento, siempre difícil de entender.